Mostrando entradas con la etiqueta Rotaciones de 3º. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rotaciones de 3º. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de octubre de 2015

Consejos para las prácticas clínicas (3º curso)



El otro día fue la presentación de los de tercero, así que ya es oficial y no somos los pequeñines.
Fue emotivo. Justo un año antes eramos nosotros los nuevos, los extraños, los que no tenían ni puta idea de nada, no sabíamos dónde estaba la cafetería, o de si ese mismo día nos harían preguntas o nos darían la bata. O si tendríamos que llevar el fonendo, aunque solo fuera para mojarlo en el café (de ese día vino el nombre de este pequeño blog).

Esos primeros días fueron muy caóticos: ¿dónde está mi adjunto? ¿dónde cambio la bata? ¿cómo se entra en la intranet del hospital? ¿cómo leñes se hace una historia clínica?... 
Aunque me siga perdiendo en el hospital , y siga haciendo historias clínicas con más huecos que el Acueducto de Segovia, me puedo permitir el lujo de daros unos consejillos a aquellos que empezáis ahora las prácticas, que me hubiese encantado que me los dieran a mí ;)


1º. Ubicaos. Tenéis que saber dónde tenéis que estar a las 9.00h. Yo me hice un mapita con las plantas, las aulas donde daban las clases, la cafetería y demás en plan básico. Apuntad también el nombre de vuestro adjunto, para reconocerlo o por si tenéis que llamarlo al busca.

2º. Presentaos. Hola, soy Fulanita, alumna de 3º de Medicina y hoy me toca rotar aquí/con el doctor X. Fundamental. No se les va a quedar vuestro nombre, ni mucho menos, pero es educación. Sobre todo en las quirúrgicas. Les sienta fatal que entres a quirófano sin indentificarte, y como no lo hagas, van a sudar de ti. Quedas avisado.

3º. El miedo y la vergüenza, fuera. Nadie pretende que ya te lo sepas todo. No tengas miedo a preguntar ni a equivocarte al contestar a una pregunta. Estás ahí para aprender. Si tienes dudas, no preguntas para resolverlas, o no lo miras al llegar a casa en los libros... se va a quedar ahí. Y cuantas menos, mejor.

4º. Pide ayuda. Aunque sea a la señora de la limpieza, ella sabe más que tú. A la hora de redactar una historia clínica, seguro que andan cerca estudiantes mayores o residentes. Pregunta. Pero no seas pesado xD. Nadie se va a negar a echarte una mano en un momento puntual ( no te van a redactar ellos la historia clínica, ojo), y si lo hacen, son tan tontos que no se acuerdan de lo mal que lo pasaron ellos en sus primeros días, y no merece la pena que les pidas ayuda.

5º. Perseverancia. El hábito hace al monje. La primera historia clínica será una pena, la segunda estará algo mejor, la tercera se te habrá olvidado preguntar esto o lo otro... y así hasta que te vayas haciendo con ello. Yo llevo sin hacer una exploración o una entrevista a un paciente desde julio, y a mí también se me ha olvidado. Mi primera historia de este año será muy floja, pero me costará menos cogerle el tranquillo porque ya he hecho varias antes.... Ya nos saldrán como churros en sexto o en la residencia, no te preocupes ;)


Espero que los pongáis en práctica y que os resulten útiles.
Aunque os vaya muy mal, siempre se recuerda como una anécdota cuando se lo cuentas a tus compis en la cafe :)

viernes, 24 de julio de 2015

Experiencias en Urgencias I: Cuando vivir no es suficiente.


Una mañana cualquiera, durante mi rotación en Urgencias, conocí a una persona que no quería seguir viviendo.

Estaba en la observación, ocupada en ser la sombra de mi tutora, cuando llegó él. De la ambulancia a la observación. Sin preámbulos. Sin espera. Sin anestesia.

Era un hombre de cincuenta y muchos, con cáncer digestivo terminal, por el que, tras muchos intentos y terapias de todo tipo, ya no se podía hacer nada. Estaba condenado a morir en poco tiempo. No sabía ni cuándo ni cómo, ni dónde, pero lo tenía asumido.

El señor venía por disnea. No podía respirar  y estaba muy nervioso y angustiado. Le pusieron oxígeno. Saturaba bien, pero cada vez que le veíamos decía que se ahogaba. Cada prueba, le daba más papeletas para un TEP (tromboembolismo pulmonar): el ECG, la analítica, la clínica, su situación oncológica... Se pidió una angio-TC.

Pasaban y pasaban los minutos. La espera ya era de horas, y no había rastro de la angio-TC.
Me acercaba de vez en cuando a ver como estaba el señor, para preguntarle por una u otra cosa según necesitara mi tutora. Seguía sin respirar bien, con la angustia pintada en el rostro. Le cogí la mano, para intentar tranquilizarle y le pregunté por su familia, por sus hijos. Me empezó a contar que hacía cada uno con su vida, y se relajó un poco. Pero el muy listo vio por dónde iban mis intenciones. Me agarró la mano, desesperado, y entre sollozos me suplicó que parásemos. Que no aguantaba más, que era insoportable, y que se quería morir ya. Lo tenía asumido y su familia también. Quería que le diésemos algo para que se durmiera y se muriera sin el dolor y la angustia que estaba sufriendo.

Yo no sabía dónde meterme. ¿Qué se dice en esas situaciones? Está claro que no se le puede dar nada. Y menos cuando todavía no está  terminal, terminal, porque su problema tenía solución, pero todavía no se había realizado la prueba que confirmara el TEP, aunque las adjuntas decían que estaba muy claro el diagnóstico.
Me quedé ahí. Sin decir nada. Agarrada por su mano. Yo buscaba sus ojos, intentando trasmitir que le entendía. Él huía de mi mirada, porque quizás lo único que encontraba en ella era compasión y no comprensión.
Pasamos los minutos en un silencio incómodo. Yo me sentía impotente, y él, supongo que abandonado. Sin el control de su propia vida.

Llegó su familia, y se puso más nervioso. Les echó de la observación porque no quería que le vieran así. Mi tutora le pautó una bomba de morfina, para que estuviese más tranquilo. Se canceló la angio-TC y (creo) que le administraron anticoagulantes y fibrinolíticos para disolver el trombo. Si pasaba de esa noche, ya habría tiempo para la prueba mañana.

Le ingresaron y le subieron a planta. No supe más de él.
Solo que quería morir y no le dejaban.

Rotando por Urgencias

¡Cómo mola esta serie!

Hola :)



Llevo varios días escribiendo esta entrada, y, al igual que me pasó con la de Atención Primaria, no sé cómo hacerlo para que todo quede bien plasmado. Tengo que hacer justicia a muchas historias, enseñanzas, pacientes, colectivos profesionales... Y por mucho que lo intente, me queda un monstruo de entrada, sin ritmo y sin toda esa sensación alucinante que sentí al estar allí dos semanas.

Así que se me acaba de ocurrir que todas esas experiencias que merecen una entrada por sí solas, las voy a comentar detenidamente, porque creo que algunas de ellas generarán debate, y quiero compartirlo con vosotros.

En general, la rotación fue una pasada. He aprendido una barbaridad. He cogido mucha soltura a la hora de entrevistar y explorar a un paciente, y me he dado cuenta de que me encanta estar ahí, al pie de la cama. Entregaba las hojas de las peticiones casi corriendo, para que se hicieran cuanto antes. Recordaba a mi tutora que quizás ya estaría tal placa de tórax, o los análisis de tal paciente... Me ofrecía voluntaria para ayudar en lo que fuese necesario sin pensarlo dos veces. 

He agarrado muchas manos. He intentado trasmitir calma, y he secado algunas lágrimas.
No he visto morir a nadie. Pero he visto a alguien que deseaba morir en ese momento. No sé que será peor.
Me han enseñado un montón de cosas, y muchas veces me han tratado como un estudiante de cursos mucho más avanzados, y me han confundido con el R1 de Familia (incluso una vez, una enfermera se pensaba que era la psiquiatra xD). Tengo en mi poder un montón de trucos para descifrar electros. Y ahora reconozco los síntomas y las pruebas imprescindibles que hay que pedir (cosa que hasta ahora nunca nadie me había exigido) de la insuficiencia cardíaca, del tromboembolismo pulmonar, la pielonefritis, el cólico renoureteral, la pancreatitis aguda... 
He visto urgencias vitales que parecían infartos y no lo fueron. Y gente que le estaba dando un infarto en ese momento y estaba tan pichi. Un accidente de tráfico, un montón de arritmias, convulsiones...

La gente del servicio ha sido encantadora. Tanto las enfermeras, como las adjuntas y los residentes que pululaban por allí. Me he llevado muy buena impresión del servicio y espero volver antes de la rotación de 6º :D

domingo, 12 de julio de 2015

3º de Medicina


Hola :)
Aquí estoy de nuevo, esta vez, analizando qué ha sido para mí el tercer curso de la carrera.
Bien es cierto que llevo hablando de este último curso en prácticamente todas las entradas del blog, pero ahora que está terminado, puedo echar la vista atrás y mirarlo con perspectiva.

Definición gráfica de 3º de Medicina
Me ha gustado mucho esta foto. Quizás no representa a la perfección el concepto de 3º, porque nosotros no tenemos que elegir un camino a seguir, como sucede al terminar la carrera con el MIR, pero creo que sí plasma esa sensación de ¿dónde coño voy?

Empecé con muchas ganas este curso. Quizás demasiadas. Creo que le puse el listón muy alto. Como ya he comentado algunas veces, nuestros sabios mayores ya nos habían advertido que 2º y 3º eran los peores años, y 3º el peor de los peores. Que una vez pasado eso, todo mejoraba y se llegaba al paraíso del hospital (aunque tampoco es un paraíso, sino que es más ameno de estudiar). 
Viniendo de un curso como segundo, donde todo fue muy arduo, muy soso y muy coñazo, tercero parecía ser un soplo de aire fresco:

  Farma :oh, por fin fármacos. Seguro que voy a aprender un montón y ya cuando me pregunten mis familiares podré contestarles algo mejor que "no tengo ni puta idea".
 Micro: Es la coco de este curso, pero voy a aprender un montón.
Patología General: Por fin algo de clínica. Voy a aprender toooda la semiología, y ver como enferma, en general, el cuerpo humano. ¡¡y voy al hospital todos los martes!!

Todo pintaba muy bien, me asomaba al meridiano de la carrera, y poco a poco, me acercaba más al hospital, a cuarto.

Empecé muy fuerte. Y mira que a estas alturas ya me habré cansando de oír que Medicina no es un sprint, sino una carrera de fondo. Pero como a mí siempre me viene el bajón en primavera, pensé que tenía que empezar con buen pie y ser constante.
Pero eso lo consiguen cuatro personas. Y yo no estaba dentro de ese grupo.  
La inmunología me descolocó. No me llamaba la atención y no encontraba ninguna lógica en los nombres arbitrarios con tantos números de las distintas citocinas, Igs, receptores y demás historias.
Empecé muy fuerte con Anatomía Patológica. Me sorprendió que me gustase tanto. Histología fue para mí la peor asignatura de segundo, y no esperaba que su tocaya de tercero me hiciera ningún tipo de tilín. El Robbins es un libro taaan completo... Aprendí cosas de Patología General con ese libro, cuando debería poder sacarlo del Sisinio. 

Suspendí inmuno.Por falta de estudio.
Como dediqué tantas fuerzas a Anatomía Patológica, me desinflé, abandoné la asignatura, y con ella, se perdieron mis ganas de estudiar para los exámenes de diciembre. Tuve suerte y aprobé PG y Cirugía General. No fue así con Nutrición.  Ya había agotado el depósito y todavía me quedaba lo peor: Farma y Micro. Farma era en enero, nada más volver de las vacaciones de Navidad. Micro era en Febrero, un mes después de Farma. Cogí fuerzas durante la semana de exámenes de diciembre, cuando se suponía que debería estar dándolo todo con esos exámenes. Me encerré en Navidades, y estuve estudiando Farma y Micro a la vez.  Me había puesto un objetivo este año y era no suspender las difíciles. No suspender las difíciles, Marina.

Por fin el esfuerzo se vio recompensado y las aprobé. Aprobé aquellas en las que muchos de mis compañeros caían como moscas. No podíamos parar, porque nada más volver de Semana Santa teníamos otra ronda de exámenes. Así que tampoco hubo vacaciones. Descansé un poco después de Micro. Ese examen me había dejado seca. Como si tercero se hubiese acabado ahí, en ese instante. Y a la vista está que no, no acababa ahí, chata. Nos adelantaron el segundo parcial de Farma a finales de abril, antes de comenzar los exámenes de Mayo. En ese momento, había que ser estratega, y planificarse bien. Hice una quiniela,  a ver qué asignaturas llevaba para junio, y me salían 4 posibles (las que me quedaron). No era ni el mejor ni el peor escenario. Pero sabía que ese era mi límite. Si me quedaba algo más, estaba perdida.


Volví a darlo todo en Farma  y Micro. Esas dos no podían estar suspensas. No es que sacase buena nota en ninguna de las dos, pero  me repetía a mí misma que esas dos no, por favor. Aprobé Rehabilitación de milagro (cerraba para cuarto). Y suspendí el 2º y el 3º parcial de PG, que también cerraba para el siguiente curso. AP, no llegué a la puntuación necesaria de la suma de los 4 exámenes para aprobar ( me quedé a 14 preguntas).

Llegó junio, y tan pronto como vino se fue. Creo que no tuve problemas para estudiar estos exámenes porque ya me había concienciado en abril que tenía que estudiar esas cuatro. Y suspendí Nutrición. Me sentó muy mal. Porque es la maría del curso. Pero parece ser que para mí no lo es. Tampoco sé cómo estudiarla, porque me he preparado el material igual que el resto, y aun así, suspendo. Pasé unas semanas muy malas, con mucho estrés porque pensaba que me había salido mal el tercer parcial de PG en el examen de recuperación. Durante unos días creía que no iba a pasar al siguiente curso. Iba a ver cómo mis amigos llegaban al soñado cuarto, cómo compañeros que les daba igual la carrera iban a dar ese paso que yo tanto ansiaba dar, y yo me iba a quedar en 3º con PG y nutrición. ¡¡¡¡Con PG y nutrición!!!!.
Mucha gente me preguntaba que qué me había pasado. Que cómo era posible que hubiese aprobado lo más difícil, donde se atragantaban muchos, y había suspendido lo que todos se habían sacado con la gorra en dos días. No voy a juzgar a nadie, y que cada uno se analice así mismo por lo que ha hecho este curso.


Así que, al final, la única asignatura que estuvo a la altura de las expectativas fue Micro. Fue dura y aprendí un montón. Las demás, un batiburrillo de información sin sentido, dando de más o de menos según les apetecía, causando un caos existencial.  Las prácticas encajaron algunas piezas del puzzle, pero también me generaron muchas dudas. Iba de servicio en servicio, y cada día descubría que tenía menos idea que el anterior. Que estos tres años de mi vida, en los que pensaba que había ido adquiriendo más y más conocimiento, no me hacían mejor que nadie porque todavía me quedaba mucho, demasiado, por aprender. Veía a de 6º en las prácticas y sabían tanto y parecían tan médicos ya... y aún así ellos tenían esa misma sensación de no saber, de no tenerlas todas consigo. 



Y fue entonces cuando descubrí que tanta teoría no sirve para nada si no la sabes aplicar. En Cirugía ya no me acordaba de los malditos músculos de primero, en Interna me olvidaba hasta de mi nombre, y cuando me ponían un ECG delante, (¿no interpretábamos uno al día en segundo?), no me acordaba de dónde se veía mejor la onda P, o qué derivaciones eran de la cara anterior o posterior... Todo entra y sale por el mismo sitio. Habrá cosas con las que uno se quede, pero muchas de ellas, si no se usan con frecuencia, se pierden.

Ahora que ha terminado, puedo respirar tranquila. Los fines de semana no me tengo que poner el despertador para obligarme a estudiar por las mañanas, y si me paro a pensarlo, no me acuerdo de cuándo fue la última vez que hice eso. Quizás en septiembre del año pasado.

 Ha sido el curso más duro, más horrible y más bonito de los tres que llevo. Y quizás lo único que cambiaría sería no abandonar AP. Con lo demás estoy satisfecha, tanto de lo bueno y de lo malo, porque me he superado a mi misma. He bajado a los infiernos y he regresado a la superficie con algunos arañazos de más, pero no me falta ninguna parte importante. 

 Las prácticas han sido el regalo de este curso. He disfrutado como una niña pequeña cada martes. Mi bata, mi fonendo, la linterna y el martillo...Los pacientes. Hablar con ellos, conocerles en unos minutos, que te cuenten su vida, que te digan que les has tratado bien, que te despidan con una sonrisa aunque tengan un dolor de mil demonios...  Es más importante saber consolar, escuchar, tranquilizar, dar la mano, callar, o distraer hablándoles de su equipo favorito, o sacarles una sonrisa al preguntarles por los nietos.
Me quedo con sus historias, sus vivencias, sus cicatrices y enseñanzas. 
Porque como bien dicen los maestros no hay enfermedades sino enfermos. 


Superada la prueba de fuego, no hago más que contar los días para poder hincarle el diente a cuarto ;)




miércoles, 6 de mayo de 2015

Rotando por Cirugía General



Hola :)

Bueno, pues aquí está la entrada sobre mi última rotación de tercero: Cirugía General.

Si os soy sincera, he de decir que me ha gustado mucho está rotación. Muy mucho. Demasiado para ser bueno. Nunca me había llamado seriamente la cirugía, la verdad. Quizás obstetricia por eso de ver nacer y traer niños al mundo, pero no cirugía general.

Sólo estuve tres días. Pero el primero de todos ellos tuve la enorme suerte de poder lavarme y grapar un ombligo tras la reparación de la hernia umbilical. Así que sí, hay una persona por ahí en el mundo que lleva un ombligo grapado por mí. Y no os podéis hacer una idea de lo feliz que me hizo. De como me alegró el día el hecho de aliviar, dentro de mis posibilidades como estudiante pardilla, a una persona. No pensé que algo así pudiese proporcionarme tanto. 

El resto de los días no tuve la oportunidad de volver a lavarme, pero un día vi un bypass gástrico y el otro una lobectomía hepática por un hepatocarcinoma.
He visto a una persona abierta en canal y no me he mareado. Me fascinó  lo bonito, brillante y vivo que es el cuerpo humano. Ni punto de comparación con los cadáveres secos como momias y el pestazo a formol que tiraba pa' atrás. Hasta la grasa era bonita en el cuerpo vivo. He visto un cuerpo sangrar en abundancia, y arte en cada técnica, en cada nudo.
He visto un cuerpo enfermo de cáncer. Un enemigo que se podía ver, tocar y extirpar. Algo real que no sólo aparece plasmado en tinta en los libros que he leído. No es lo mismo estudiarlo en la acogedora biblioteca, que tenerlo delante de tus narices. Que a cada segundo que pasa, hace daño a ese órgano, a esa persona.
Mis piernas han sufrido el peso de la gravedad durante horas, paralizadas, mientras lo ojos no dejaban de bailar, de escrutar, de analizar cada movimiento, cada instrumento, cada levantamiento de cejas de la enfermera instrumentalista, cada pitido de las mil y una maquinas que rodean la mesa de operaciones...
Toda la gente que trabaja allí me recibieron con los brazos abiertos, siempre y cuando saludases y te presentases correctamente. La educación es lo primero :)
 Y al cabo de los días, sus caras te dejan de parecer serias, y empiezas a apreciar el lenguaje corporal que reina en ese mundo, en esa burbuja estéril. Cómo se arruga la mascarilla por los laterales cuando te sonríen, cómo se retuercen cuando están incómodos, cómo se rascan la nariz con el hombro... y que la talla del guante, importa xD.

Todo esto está genial. Pero a mí me ha causado un caos existencial tremendo, en mitad de los exámenes, en mitad de un curso que es a la vez el mejor y el peor de todos por los que he pasado, en mitad de más suspensos que aprobados,  en mitad de la carrera de mis sueños que pensé que me llevaba hacia un sitio y resulta que ahora no sé dónde narices voy. Salí de la rotación de Atención Primaria con ideas muy claras, diciéndome a mí misma o mucho cambia la cosa, o es esto, Marina. Y llego un día a quirófano, 30 minutos, unos guantes, unas grapas y soy toda suya...
 Muchos me diréis que me queda un montón, que todavía tengo muchas cosas que ver y es la pura verdad. No he ni pasado el prólogo de mi práctica clínica y ya quiero leer el final, pero tengo miedo de que esto me pase con cualquier rotación. 
Yo pensaba que iba a ser más sencillo, me creí eso de que la especialidad escoge al médico, como hacen las varitas con los magos, y ahora... ya no sé qué creer...Supongo que con los cursos venideros me haré una idea más clara de qué es lo que me gusta, pero ahora mismo estoy muy descolocada... y no puedo recrearme en esta parada cardiovocacional porque tengo que estudiar para terminar este maldito curso...¬¬.

martes, 5 de mayo de 2015

¿Qué hay de nuevo, viejos?

Hola:
¿Qué tal?¿Cómo va eso?
Aquí estoy sorprendida por la multitud de visitas que tiene el blog, cuando llevo sin publicar semanas.
Da la casualidad de que en la sección de estadísticas aparece que las entradas más visitadas son aquellas que dan consejos para estudiar, para planificarse en bachillerato y la que habla sobre mi universidad: la URJC.  Esto se puede deber a dos circunstancias, según las estadísticas a:

1. Estudiantes de bachillerato que están interesados en hacer medicina en la URJC.
2, Gente que tiene curiosidad por cómo le ha ido a la primera promoción de medicina de la URJC en el MIR 2015. 

Pues bien, a los que visiten este blog y se encuentren en la primera situación, os invito a que comentéis, aunque sea de manera anónima, todas las dudas que tengáis sobre la facultad, la metodología, los profesores, los cadáveres, o lo que se os pase por la cabeza, y os las resolveré en la medida de lo posible y escribiré una segunda entrada sobre la URJC, detallando los aspectos que más os interese saber. El blog está para eso ;)

Me llena de orgullo y...alegría poder decir que a la primera promoción le ha ido estupendamente bien. No sé con exactitud los puestos de todos, pero sí que la mayoría quedaron por encima del 1600, incluso uno estaba entre los 100 primeros. Pero lo más importante de todo es que todos pudieron escoger la plaza que querían.  
Lo que me cabrea es que esto no se ha visto plasmado en ningún medio. La primera vez que se presenta esta universidad y no sale nada. Ha sido tan escandaloso el silencio mediático y el vacío que quieren hacernos el resto de las universidades públicas de Madrid, que me hierve la sangre. 
Espero que poco a poco se reconozca el esfuerzo, que, a fin de cuentas, depende en gran medida de cada uno y no de la universidad que te ha formado.

miércoles, 1 de abril de 2015

Rotando por Atención Primaria

Hola :)

Ni ha sido tarde ni ha sido pronto, pero aquí estoy de nuevo con la prometida entrada sobre mi rotación por Atención Primaria.

Resultado de imagen de atencion primaria
He tardado más de la cuenta porque he escrito tres veces esta entrada. De tres maneras distintas. Y ninguna me convence del todo, porque creo que no soy capaz de hacer justicia a todo lo que vi durante los cinco días que duró mi rotación. Primero hice una especie de diario, en el que iba anotando todo lo que pasaba cada día. Pero si publicaba eso, nadie lo leería porque ocupaba un porrón de páginas. Después intenté sintetizarlo, pero me pasé de síntesis y dejé muchas cosas atrás, pequeños detalles que hacían de esta rotación la GRAN rotación de este año. Así que he hecho una cosa intermedia, y ya me diréis si os parece escueta o infumable xD.

MI ROTACIÓN


Llegué un martes al centro de salud que me había tocado, situado en un barrio obrero periférico de Madrid, donde el nivel económico no es muy elevado, pero la gente es sencilla, humilde y práctica.

Turno de tarde. Ese día llegamos a las 14.00h porque teníamos que asistir a la sesión clínica que había entre turno y turno. Y no salí de allí hasta unas cuantas horas después. Me había mentalizado de que iba a ser duro.
Me asignaron a un médico que parecía muy callado al principio, como si no supiese qué hacer conmigo, pero después pude comprobar que entre paciente y paciente siempre tenía una lección que enseñarme, resolvía todas mis dudas y me daba consejos para lo que me quedaba de carrera, para la residencia, o para la vida en general. Me pareció un médico muy resolutivo: las cosas sencillas, burocráticas, o a los cuentistas, los despachaba con rapidez, y estaba 15, 20, 30 minutos con quien de verdad lo necesitaba. Era distante pero correcto con los venían de malas maneras, y familiar y cercano con los demás. Con algunos parecía una charla entre viejos conocidos. ¿Qué tal los niños, doctor?¡Ya deben de estar enormes! o ¿Cómo le fue por Canarias, Paco?
¿Cómo está su marido, Paqui, que hace mucho que no lo veo?


El primer paciente de todos fue una mujer que venía por dolores articulares y musculares, malestar general, y debilidad. Parecía un cuadro gripal, pero resulta que tenía una patología de base que la hacía ser más propensa a este tipo de enfermedades... ¡LUPUS!

¡Madre mía, LUPUS!¡Pero si nunca es lupus!
Me reí mentalmente a carcajada limpia y con sorna de todos aquellos ilusos que decían que en Primaria sólo se veían catarros y se daban recetas de Paracetamol y mucho agua. 
Y sí, amigos, Dios, el destino, la Ley de Murphy o aquello en lo que creáis que hay por ahí con un poder divino que puede castigar a las estudiantes de medicina que se pasan de listas, descargó en mí todo su poder esa tarde y vinieron como 20 gargantas inflamadas. Una detrás de otra.
Auscultación pulmonar, inspección de garganta, inspección de oídos. ¿Tratamiento con antibióticos? Así veinte veces seguidas.
Esto me puso los pies en la tierra, porque venía del hospital, donde todo era enfermedades curiosas, agudas, un montón de tratamientos intravenosos, sueros... Incluso en las clases teóricas, nuestros temas son hemisección medular, Síndrome de Cushing, Síndrome de Sjögren y así hasta infinito. Pero no hay un tema de dolor de garganta y tratamiento. Todos critican esta especialidad porque total para sólo ver gargantas inflamadas.... Y yo me pregunto: ¿Quién coño sabe tratar gargantas inflamadas en 3º para creerse que eso es poca cosa para él? ¿A qué paciente le das amoxicilina, a quién amoxicilina-clavulánico, a quién azitromicina, a quién levofloxacino y a quién sólo las buenas tardes?

Después de ese castigo divino que sufrí el primer día, vinieron un montón de pacientes con patologías muy diversas. Miomas uterinos, un sinux, cuadros de ansiedad, depresión, esquizofrenia, vértigos, alcoholismo, un porrón de ciáticas, gastroenteritis, resolver mil y una dudas sobre los anticonceptivos orales, dar pautas de alimentación a un chico que quiere empezar a muscularse, test de embarazo, infecciones de orina, esguinces de tobillo, defectos congénitos en la válvula tricúspide y consulta con el cardiólogo, una perforación de tímpano, un herpes... Ajustes de medicación, interpretar un ECG, tomar la tensión, ver una cura por parte de enfermería de una mordedura de gato desde hace un año... y mentiras. Muchas mentiras. Gente que tose un poco o busca en google  ciática síntomas y pide la baja para tres días. Y aquí es donde se aprende a ser una persona crítica, y a no creerse todo lo que dicen los demás. Esta lección es tan válida para el ejercicio de la Medicina  como para la vida misma. Un chico de veintitantos que viene porque le duele la espalda y trabaja en un almacén y no puede cargar cosas, pero viene con un casco de moto colgando del brazo...Ya, lo que tú digas. Lecciones y más lecciones. La exploración física comienza desde que el paciente entra por la puerta. Y House tenía razón: todo el mundo miente. Pero tiene que haber de todo: gente que no quiere trabajar, que no se esfuerza y otros que se parten el lomo ¿Ejemplos? Una enfermera de Urgencias embarazada de 5 meses que viene a regañadientes acompañada de su marido para coger la baja porque ha empezado a tener contracciones... Una mujer que trabaja en un almacén con una rotura miofribrilar y viene cada semana a ver si ya por fin me da de alta, doctor.

El último día hice una breve incursión en la consulta de Pediatría. Me lo pase genial con los niños, porque me gustan, pero no porque quiera tratarles. Muchos virus, muchos padres preocupados, y el niño se queda medio olvidado jugando con el palito de madera. Exploré a unos cuantos de ellos yo sola (junto con otro compañero, pero sin el pediatra) mientras el médico rellenaba la historia clínica. Toqué la fontanela de un bebé de 15 días por primera vez en mi vida, sin que fuese algo prohibido (ya sabéis, cuando tenéis primos pequeños y les quieres coger y tocar la cabeza y tu tía te grita, poseída por ese visceral y primitivo instinto maternal  ¡¡¡¡NO LE TOQUES LA CABEZA!!!!). Hice el signo del pliegue en la tripita de un niña de año y medio con gastroenteritis y dijo mamá de una manera muy graciosa, insegura, con miedo pero sin gritar, como diciendo :Mamá, ¿qué está haciendo esta tía?¿Qué hago: grito o la pego?. Y no pude dejar de reírme el resto de la consulta.
Muy bonita pediatría, pero no creo que fuese capaz. Hablas más con los padres que con el niño y no veo que exista un vínculo médico-paciente tan fuerte como pasa con más frecuencia con los adultos.

¿Qué saco de todo esto? Experiencia.
He aprendido muchísimo, demasiado. Tanto que al salir de cada turno no podía hacer nada más, y me quedaba horas pensando e intentando recordar a todos los pacientes y sus historias, muchas de ellas parecidas, pero cada una con algo especial que las hacen diferentes, como las personas que las protagonizan. Sólo he estado cinco días, pero he aprendido más que en 5 meses de tediosas y aburridas clases teóricas en la facultad.

Medicina de Familia me parece una especialidad muy versátil, muy completa. Tienes que saber un poco de todo, indentificarlo, y resolverlo en el menor tiempo posible y con pocas, o por no decir ninguna, prueba diagnóstica a tu disposición en ese momento.
 Es un desafío.
Hay que esperar, hay que pensar y razonar qué es lo mejor para el paciente. Porque junto con él, decides tú.
He visto pocas derivaciones al hospital, a urgencias o a consultas específicas. Pero el gran grueso de la consulta se resuelve allí, entre esas cuatro paredes.
Y lo que más me gusta es esa cercanía, esa relación médico-paciente, el no tener que hacer una historia clínica completa (no porque las odie, que conste) porque le conoces, a él y a su familia, en qué trabaja y más o menos lo que le ha pasado en la vida. Comprenden, o por lo menos la mayoría, que tienes muchos pacientes que ver, y se conforman con los escasos 6 minutos que puedes dedicarles a cada uno, porque saben que vas a estar ahí siempre con otros 6 minutos más... Y los que hagan falta.
 Dicen de ti que eres su médico, y al despedirse siempre un gracias, doctor. Hasta la próxima.

domingo, 1 de febrero de 2015

Mi primera historia clínica

Hola :)

Lo prometido, es deuda. Así que, a petición de Iratxe, voy a ampliar un poco lo que comenté en la entrada anterior relatando cómo fue mi primera historia clínica en solitario :)

Digo en solitario porque el primer día que rotamos por el hospital, y por Interna, lo hice con una compañera y amiga, e hicimos la historia conjuntamente. Así que escojo mi primera vez en solitario para intentar describir, lo mejor que pueda, esa sensación de vértigo que tenemos todos cuando entramos en la habitación de un paciente.

Todos los martes, como ya dije, vamos al hospital. De 8.00h-15.00h. Durante la primera hora, nos imparten un seminario, que bien puede ser médico (cómo explorar cierto aparato, cómo hacer una historia clínica...), o quirúrgico (principales complicaciones quirúrgicas, paciente politraumatizado, limpieza de heridas quirúrgicas...). A las 9.00h, cada mochuelo se va a su olivo, a cumplir con sus respectivas rotaciones. Luego nos encontraremos todos a las 13.00h en Interna para corregir historias clínicas.

Pues bien, todos aquellos que íbamos a Interna fuimos juntitos a buscar cada uno a su adjunto. Y, ¿qué creéis que fue lo que pasó? Pues que la mayoría no estaban. ¿Y dónde creéis que estaban? Pues muchos de ellos tomándose un café, claro. Totalmente normal y comprensible, pero si no vienen hasta las 9.30-10.00h, o están salientes de guardia, que lo avisen y así no nos ponemos histéricos perdidos preguntándonos dónde leches estará nuestro adjunto, ¿no?.

Después de encontrar a mi adjunto con su respectiva residente, estuvimos en el despacho poniéndonos al día sobre los diversos pacientes a ver en esa mañana. Una vez hecho esto, hicimos la ronda. A la hora de explorar/auscultar ya sabéis, primero adjunto, luego residente, luego posible alumno de 6º, luego alumno de 3º, aquí la moña. Es obvio que somos los pequeñines, y el último mono en el hospital. Después al salir de la habitación, viene la temida pregunta...Y bien, ¿Qué has escuchado en los pulmones? Y tú ¡oh Dios mío! ¡Y yo qué se que he escuchado! Venga, Marina, tienes que decir algo o se va a pensar que eres imbécil. Emmm, yo creo que eran pitos, ¿no? Y sueltas un término médico que no te han explicado, pero que,  inocente de ti, crees que así se denomina lo que has escuchado. Pues no. El adjunto te dice Umm, yo no estoy de acuerdo con lo que acabas de decir. Es más bien al contrario. Es un roncus.
 Y es entonces cuando te armas de valor, y, para que no te traten como otra estudiante de 3º insulsa de la que se tienen que ocupar esa mañana, sueltas: No me lo han explicado en clase. ¿Podrías explicarme la diferencia entre unos y otros? El adjunto accede, y te explica los principales ruidos patológicos que se pueden encontrar en la auscultación pulmonar. Y gracias a él, eso es algo que nunca  se me va a olvidar.

Eso es lo malo que yo le veo a estas prácticas. Porque te exigen tener idea de lo que haces, cuando se supone que vas allí a que te lo expliquen y te enseñen. Un poco ambiguo. Y ya sí que sí, vamos a por la historia clínica de ese día:

Hacia un historia clínica única

El adjunto, tras terminar la ronda, me preguntó: ¿A quién quieres hacerle la historia?
Y me dejó escoger a una señora de 75 años que estaba allí por una gastroenteritis aguda. Escogí a esa paciente porque estaba tranquila, no tenía mucho dolor, y podía respirar con normalidad y no le iba a molestar que le hiciese un montón de preguntas y una exploración física a fondo.

Nos exigen una historia clínica completa, por aparatos, tenga o no tenga que ver con la enfermedad actual, y una exploración física completa. Por lo que, si cumples más o menos con el cometido, estás una hora entera con el paciente tú solito. 

Obviamente, estás tú más nervioso que el propio paciente. Es algo que cuesta describir. Tú entras ahí, con tu bata, tu fonendo, tu libreta... y se supone que impones. Los pacientes te miran con respeto. Pero tú no te sientes como una persona así, imponente. Además, yo tengo una vocecilla muy dulce, que parezco una niña pequeña, y uno de mis grandes temores al empezar las prácticas es que no me tomasen en serio. Pues entras en la habitación y sueltas con esa vocecilla: Hola, soy la estudiante que ha estado antes aquí con el doctor X, venía a hacerle unas cuantas preguntas, si no le importa.

Y la mujer te sonríe tiernamente, y te deja pasar. Se salen sus acompañantes y empieza el espectáculo.
 Comienzas a preguntar por el motivo de ingreso, la medicación que toma, sus hábitos, sus antecedentes personales, cómo murieron sus padres, cuantos hijos tiene.... En resumidas cuentas, de todas esas cosas personales, íntimas, que algunas de ellas son defectos, enfermedades, problemas de salud de las que a uno no le apetece a hablar, o como norma general, no se las cuenta a la persona que tiene delante y que acaba de conocer. Pero esta señora lo hace. Y resulta que ha pasado por un montón de cánceres. Tiene una mastectomía en el pecho derecho, también una histerectomía... un melanoma... Y la mujer sigue ahí, sonriendo. A cada pregunta que haces te cuenta una desgracia más, y no puedes dejar de sorprenderte.
  Terminada la entrevista con preguntas tan personales como ¿Tiene algún problema para orinar?¿Con que frecuencia hace de vientre?, pasamos a la exploración física. Y lo que viene a continuación me sorprendió mucho, porque fue decir: Muy bien, señora. Ahora la voy a explorar.  Y la mujer, con su sonrisa eterna, se quitó el pijama y me dejó hacer. Yo no esperaba esa confianza, esa desnudez en cuerpo y alma que me mostró en apenas unos minutos. No podía creer cómo en tan poco tiempo me había ganado ese privilegio de poder explorarla sin ningún impedimento, sin tener que ir pidiendo que se fuese desvistiendo.
 Y claro, ahora  desde la lejanía, pienso que esa señora ha pasado por mucho. Por demasiadas exploraciones físicas, por demasiadas preguntas incómodas, por demasiados médicos que le han pedido que se desvistiera. Y supongo que ya lo tiene como un hábito, y antes de que se lo pidan, lo hace, para facilitar las cosas.
Voy poco a poco. Ausculto corazón, pulmones, y abdomen. Palpo la mama y soy consciente del mapa de cicatrices que bañan su cuerpo. Y ella sigue con su sonrisa, señalándome cada una de ellas, orgullosa de sus trofeos ganados en cada una de las múltiples batallas que ha librado contra la enfermedad. Le palpo el abdomen con cuidado, de de la zona menos dolorosa a la más dolorosa. Palpo los diversos pulsos  mientras charlamos sobre la vida, sobre la alegría que le da su nieta de 5 años. Hago una exploración neurológica sencilla, según me voy acordando de las cosas. La libreta, en la que pensaba ir apuntando todo, quedó apartada y en blanco, sin ninguna anotación más que los nombres de los muchos medicamentos que tomaba la que fue por una hora mi paciente.
  Creía que ya lo tenía todo. Se iba acercando el momento de despedirnos. Y yo no me quería ir. Me sentía tan bien allí, explorando, preguntando, haciéndome una idea de lo compleja y caprichosa que es la vida...Estaba en mi elemento. Pero me tenía que ir a redactar en los ordenadores todo lo que acababa de recopilar en un lenguaje técnico que no conozco bien, del que chapurreo unas pocas palabras, y muchas veces, mal dichas. Me tomé la libertad de darle un par de consejos, como que se cuidase las uñas de los pies, porque era diabética, y no quería que a la pobre mujer, además, le cortasen un pie. Y ella me preguntó una serie de dudas que tenía, y yo le contesté como buenamente pude. Le dije que eso era todo por mi parte, le agradecí su colaboración y le deseé una pronta recuperación.
 Ella, como último regalo, me dijo: Espero que hayas aprendido mucho conmigo. Algo bueno hay que sacar de todo esto que me ha pasado.

Después de redactar mi historia clínica en la aplicación del hospital, y de imprimirla, decidí salir a presentar mi historia en la reunión de la 13.00h, delante de todos mis compañeros, los adjuntos y del Jefe de Servicio de Interna y director médico del hospital, que es el que más caña nos mete en estas reuniones.
 Lo hice por diversas razones. Porque creí que había hecho una buena historia clínica, y resultó ser la mejor y concienzuda exploración física que he hecho hasta el momento. Porque era un caso interesante con un montón de patologías, y, principalmente,  porque se lo debía a ella. Así que salí, me enfrenté a los leones, me llovieron un montón de palos, me corrigieron un montón de cosas que estaban mal, defendí las cosas que había hecho bien, y aprendí de los errores. Que para eso estamos allí, ¿no? Para aprender. Porque uno no nace sabiendo como hacer una historia clínica  y una exploración física perfecta al segundo  día. 

Pero, si algo sé con certeza es que, ese martes, se  empezó a formar clínicamente la médico que seré el día de mañana. 

viernes, 30 de enero de 2015

Prácticas de 3º

Hola :)
Quería comentaros cómo van mis prácticas este año:

  • Hemos estado rotando por el hospital desde octubre hasta la semana pasada, todos los martes.
  • A mi me tocaron dos rotaciones por Medicina Interna, una por Urología y otra por Endocrinología.
  • Esta semana y la siguiente tenemos un curso de RCP a nivel básico, y después estamos en Atención Primaria durante 6 semanas.
  • Antes de que termine el curso volvemos al hospital, y, en mi caso, tengo otra rotación en Medicina Interna y, la última, en Cirugía General.
Interna me ha gustado mucho. He tenido mis nervios escénicos ante mis primeros pacientes, las primeras historias clínicas, las primeras exploraciones... Creo que las exprimí bastante bien y aprendí mucho. No se me olvidan sus caras, ni sus vidas, y espero seguir recordándolas muchos años :)

Sin embargo, Urología y Endocrinología no he podido sacarles mucho jugo. De Urología, al menos, me llevó una mejor imagen que la que tenía anteriormente. Abarca más de lo que pensaba, pero, sinceramente, no me veo. Y Endocrino, más de lo mismo. Mucha dieta, mucho suero, y poca limoná. Pero también creo que desempeña un papel fundamental y que se ocupa de algo que el resto de los médicos del hospital a veces olvidan. Bien es cierto que han sido rotaciones ínfimas. Está claro que no conoces cómo funciona una especialidad rotando sólo dos martes.

El curso de RCP me ha decepcionado un poco. Esperaba que nos diesen algo más avanzado, y ha sido a nivel muy básico, muy parecido a un curso muy chulo que nos impartieron los residentes de MFYC. Nos enseñaron el protocolo vigente, el masaje cardíaco, y la maniobra de Heimlich, tanto para adultos como para niños. Aquí os dejo un vídeo que nos pusieron, donde se resume en pocos minutos lo que os acabo de comentar:






El martes que viene nos enseñan a intubar. A ver qué tal la experiencia :)
Tengo muchas ganas de rotar por el centro de salud. Creo que vamos a aprovecharlo bastante, se ven más pacientes, y así vemos cómo funciona la primera línea de atención del sistema.
He de confesar que tanto Familia, como Interna son dos de las especialidades que más me llaman, y entré con esta idea en la cabeza. Ya veremos si se cumple o no.

Un besote.
PD: ÁNIMO PARA MAÑANA. Descansad y coged toda la fuerza que podáis ;)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...