jueves, 26 de febrero de 2015

Sin novedad en el frente

Hola...
Aquí estoy. El título lo dice todo.
No tengo grandes cosas que contar.
Después del examen de Micro me he quedado sin fuerzas. Debería estar estudiando. Debería ir a clase. Debería seguir con el curso, con la carrera, pero no puedo. Estoy en stand-by.
Es algo que me pasa todos los años, eso es cierto, pero esta vez me está costando mucho recuperarme. No sé si es una mini-depresión, apatía, o yo qué sé... Pero nada o casi nada, consigue llenarme. Me levanto tarde todos los días, aunque me pongo el despertador a las 7.30h cada mañana. Y aunque estoy en casa y pienso que lo voy a aprovechar, que voy a estudiar más horas que si voy a clase, hoy no he tocado un mísero libro. Quiero estar en casa, comer con mi familia, verlos un rato...Miro la tele sin verla, como porque tengo que llenar el depósito de combustible, y hago ejercicio porque si no me pongo todavía más gorda sin hacer nada en casa tumbada o sentada las 24 horas.
 Lo único que me salva son mis libros... pero los últimos que me he leído me han dejado todavía peor, por el drama que bañan sus páginas. Los que leáis con frecuencia ya sabéis esos días de luto que pasa cualquier lector que se precie cuando termina un buen libro...
Busco cosas interesantes para poner en el blog, pero no me entra en cosquilleo necesario para golpear las teclas y escribir una entrada decente... Estoy recopilando información sobre mi rotación en Atención Primaria. Cuando termine mi estancia allí, publicaré la entrada.

Así que nada... Aquí estoy. Deseando que termine el curso. Para mí tercero ya ha terminado. Soy un poco estúpida, la verdad, porque me quedan un porrón de exámenes... pero ya he tenido suficiente. Estoy descansando porque no puedo más. Y lo que me jode es que tampoco descansas del todo porque  hay una vocecita en mi cabeza que me dice: Deberías estar estudiando, pájara. Que AP lo llevas como el culo y al final vas a ir a junio. Como no te pongas con PG, vas a batir récord en junio de asignaturas a recuperar, y a lo mejor por libertina no pasas a cuarto. 

En fin, siento el tono de esta entrada, pero para eso está este blog. Para reflejar los buenos momentos y los malos. No puedo evitar pensar qué narices voy a hacer cuando no pueda descansar cuando yo quiera. Es decir, en el trabajo no te dejan faltar un día sí y otro también. Espero que esto cambie... o que yo cambie, más bien. 

Bueno... espero que la próxima entrada tenga algo más de chicha, y no sea tan melancólica como esta. 
Hasta la próxima.

domingo, 15 de febrero de 2015

Microbiología. ¿Piedra angular de la carrera?

Foto cogida de este blog sobre comunicación

Hola :)

Siento la ausencia, pero las bacterias me tenían secuestrada.
Hoy vengo a hablar de un sentimiento que me tiene trastornada desde hace varias semanas.
Quizás trastornada suena un poco fuerte. Puede que revuelta se acerque más. Sí, revuelta es la palabra. Tercero me está mareando un poco. Las asignaturas con las que tengo que lidiar este año parecen placas tectónicas bailando salsa bajo mis pies. Algunas cosas parecen encajar con lo aprendido en otros años, otras, sin embargo, hacen el puzzle más complicado e incomprensible.

  La semana pasada tuve el examen de Microbiología, concretamente sólo la parte de bacteriología. Y tengo la sensación, y algunos pueden que hayan experimentado lo mismo, de que hay un antes y un después en la carrera con respecto a este examen. Me parece una prueba de fuego, un rito de iniciación por el que todo aquel estudiante de medicina que se precie tiene que pasar.
Ya comenté en entrada anteriores que este curso me está pareciendo difícil, pero la verdad es que es el que más me está gustando. Lo que estamos dando me está gustando. La micro, la farma, la semiología... Es el principio de la clínica, y no puedo evitar emocionarme y sentir un vuelco en mi estómago ante la expectativa de algo grande, como cuando vas al cine y comienza a sonar la música, las luces se apagan y los murmullos mueren en silencio. Es es lo que significa para mí micro, y en definitiva tercero, e incluso un poco segundo. La antesala de algo grande. El tráiler de la medicina. En definitiva, una piedra angular, sobre la que voy construyendo poco a poco lo que seré algún día. Una pieza fundamental en la carrera, y que sin ella estoy perdida.

Así que me encuentro en un punto raro. Un punto en el que tengo cierta seguridad de lo que estoy haciendo,  sé hacia dónde voy, crees que lo que sabes lo dominas, pero en seguida viene alguien con más experiencia que tú y con dos palabras, o una simple mirada, te desestabiliza y te hace dudar de todo el camino andado y piensas que estás igual de perdida que al principio. Vuelves a  ese primer día, a ese primer curso en el que creías que en seguida ibas a aprender un montón de cosas útiles, que no olvidarías jamás y que, en realidad, es tan sólo el último copito de nieve de la puntita más finita del enorme iceberg de conocimiento de este campo del saber.
 Estos incontables días en la biblioteca en las que he pasado horas eternas entre bacterias, agares, hemocultivos y torundas, no he podido evitar, entre paseo y paseo al servicio, fijarme en los otros seres que allí habitaban.  Y me sorprendí al ver que no tenían un Murray entre sus manos. Algunos tenían un Prometheus, otros un Netter, y algunos valientes que se atrevían a estudiar directamente del Rouvière. o del Latarjet.  Pasaban y pasaban las hojas, llenas de dibujos con músculos rojo tomate, nervios amarillos como el sol, venas azules, arterias rojas y ganglios linfáticos verdes como el musgo.
Qué tiempos aquellos en los que pensaba que Medicina era origen, inserción, inervación y vascularización. Origen inserción, inervación y vascularización.

Ojalá que, en unos años, pueda contemplar esta entrada y al secarme las lágrimas de la risa y diga algo como Qué tiempos aquellos en los que pensaba que la Medicina era un conjunto de listas interminables de fármacos, bacterias, signos y síntomas sin relación alguna.



domingo, 1 de febrero de 2015

La importancia de la exploración física

Hola :)

Aquí estoy otra vez.
Esta vez os traigo un vídeo que, seguramente, muchos habréis visto.
Es una charla TED, de hace  unos cuantos años y que ya nos la han puesto en la universidad, en distintas asignaturas, como tres veces. Casi nos la sabemos de memoria.
Habla sobre la importancia de la exploración física, y del vínculo que se establece entre el médico y el paciente durante dicho acto.
 Viene un poco relacionado con lo que he intentado plasmar en la entrada anterior.
Lo siento, no he encontrado la versión subtitulada. Espero que llevéis bien el inglés ;)

Espero que os guste ;)

Mi primera historia clínica

Hola :)

Lo prometido, es deuda. Así que, a petición de Iratxe, voy a ampliar un poco lo que comenté en la entrada anterior relatando cómo fue mi primera historia clínica en solitario :)

Digo en solitario porque el primer día que rotamos por el hospital, y por Interna, lo hice con una compañera y amiga, e hicimos la historia conjuntamente. Así que escojo mi primera vez en solitario para intentar describir, lo mejor que pueda, esa sensación de vértigo que tenemos todos cuando entramos en la habitación de un paciente.

Todos los martes, como ya dije, vamos al hospital. De 8.00h-15.00h. Durante la primera hora, nos imparten un seminario, que bien puede ser médico (cómo explorar cierto aparato, cómo hacer una historia clínica...), o quirúrgico (principales complicaciones quirúrgicas, paciente politraumatizado, limpieza de heridas quirúrgicas...). A las 9.00h, cada mochuelo se va a su olivo, a cumplir con sus respectivas rotaciones. Luego nos encontraremos todos a las 13.00h en Interna para corregir historias clínicas.

Pues bien, todos aquellos que íbamos a Interna fuimos juntitos a buscar cada uno a su adjunto. Y, ¿qué creéis que fue lo que pasó? Pues que la mayoría no estaban. ¿Y dónde creéis que estaban? Pues muchos de ellos tomándose un café, claro. Totalmente normal y comprensible, pero si no vienen hasta las 9.30-10.00h, o están salientes de guardia, que lo avisen y así no nos ponemos histéricos perdidos preguntándonos dónde leches estará nuestro adjunto, ¿no?.

Después de encontrar a mi adjunto con su respectiva residente, estuvimos en el despacho poniéndonos al día sobre los diversos pacientes a ver en esa mañana. Una vez hecho esto, hicimos la ronda. A la hora de explorar/auscultar ya sabéis, primero adjunto, luego residente, luego posible alumno de 6º, luego alumno de 3º, aquí la moña. Es obvio que somos los pequeñines, y el último mono en el hospital. Después al salir de la habitación, viene la temida pregunta...Y bien, ¿Qué has escuchado en los pulmones? Y tú ¡oh Dios mío! ¡Y yo qué se que he escuchado! Venga, Marina, tienes que decir algo o se va a pensar que eres imbécil. Emmm, yo creo que eran pitos, ¿no? Y sueltas un término médico que no te han explicado, pero que,  inocente de ti, crees que así se denomina lo que has escuchado. Pues no. El adjunto te dice Umm, yo no estoy de acuerdo con lo que acabas de decir. Es más bien al contrario. Es un roncus.
 Y es entonces cuando te armas de valor, y, para que no te traten como otra estudiante de 3º insulsa de la que se tienen que ocupar esa mañana, sueltas: No me lo han explicado en clase. ¿Podrías explicarme la diferencia entre unos y otros? El adjunto accede, y te explica los principales ruidos patológicos que se pueden encontrar en la auscultación pulmonar. Y gracias a él, eso es algo que nunca  se me va a olvidar.

Eso es lo malo que yo le veo a estas prácticas. Porque te exigen tener idea de lo que haces, cuando se supone que vas allí a que te lo expliquen y te enseñen. Un poco ambiguo. Y ya sí que sí, vamos a por la historia clínica de ese día:

Hacia un historia clínica única

El adjunto, tras terminar la ronda, me preguntó: ¿A quién quieres hacerle la historia?
Y me dejó escoger a una señora de 75 años que estaba allí por una gastroenteritis aguda. Escogí a esa paciente porque estaba tranquila, no tenía mucho dolor, y podía respirar con normalidad y no le iba a molestar que le hiciese un montón de preguntas y una exploración física a fondo.

Nos exigen una historia clínica completa, por aparatos, tenga o no tenga que ver con la enfermedad actual, y una exploración física completa. Por lo que, si cumples más o menos con el cometido, estás una hora entera con el paciente tú solito. 

Obviamente, estás tú más nervioso que el propio paciente. Es algo que cuesta describir. Tú entras ahí, con tu bata, tu fonendo, tu libreta... y se supone que impones. Los pacientes te miran con respeto. Pero tú no te sientes como una persona así, imponente. Además, yo tengo una vocecilla muy dulce, que parezco una niña pequeña, y uno de mis grandes temores al empezar las prácticas es que no me tomasen en serio. Pues entras en la habitación y sueltas con esa vocecilla: Hola, soy la estudiante que ha estado antes aquí con el doctor X, venía a hacerle unas cuantas preguntas, si no le importa.

Y la mujer te sonríe tiernamente, y te deja pasar. Se salen sus acompañantes y empieza el espectáculo.
 Comienzas a preguntar por el motivo de ingreso, la medicación que toma, sus hábitos, sus antecedentes personales, cómo murieron sus padres, cuantos hijos tiene.... En resumidas cuentas, de todas esas cosas personales, íntimas, que algunas de ellas son defectos, enfermedades, problemas de salud de las que a uno no le apetece a hablar, o como norma general, no se las cuenta a la persona que tiene delante y que acaba de conocer. Pero esta señora lo hace. Y resulta que ha pasado por un montón de cánceres. Tiene una mastectomía en el pecho derecho, también una histerectomía... un melanoma... Y la mujer sigue ahí, sonriendo. A cada pregunta que haces te cuenta una desgracia más, y no puedes dejar de sorprenderte.
  Terminada la entrevista con preguntas tan personales como ¿Tiene algún problema para orinar?¿Con que frecuencia hace de vientre?, pasamos a la exploración física. Y lo que viene a continuación me sorprendió mucho, porque fue decir: Muy bien, señora. Ahora la voy a explorar.  Y la mujer, con su sonrisa eterna, se quitó el pijama y me dejó hacer. Yo no esperaba esa confianza, esa desnudez en cuerpo y alma que me mostró en apenas unos minutos. No podía creer cómo en tan poco tiempo me había ganado ese privilegio de poder explorarla sin ningún impedimento, sin tener que ir pidiendo que se fuese desvistiendo.
 Y claro, ahora  desde la lejanía, pienso que esa señora ha pasado por mucho. Por demasiadas exploraciones físicas, por demasiadas preguntas incómodas, por demasiados médicos que le han pedido que se desvistiera. Y supongo que ya lo tiene como un hábito, y antes de que se lo pidan, lo hace, para facilitar las cosas.
Voy poco a poco. Ausculto corazón, pulmones, y abdomen. Palpo la mama y soy consciente del mapa de cicatrices que bañan su cuerpo. Y ella sigue con su sonrisa, señalándome cada una de ellas, orgullosa de sus trofeos ganados en cada una de las múltiples batallas que ha librado contra la enfermedad. Le palpo el abdomen con cuidado, de de la zona menos dolorosa a la más dolorosa. Palpo los diversos pulsos  mientras charlamos sobre la vida, sobre la alegría que le da su nieta de 5 años. Hago una exploración neurológica sencilla, según me voy acordando de las cosas. La libreta, en la que pensaba ir apuntando todo, quedó apartada y en blanco, sin ninguna anotación más que los nombres de los muchos medicamentos que tomaba la que fue por una hora mi paciente.
  Creía que ya lo tenía todo. Se iba acercando el momento de despedirnos. Y yo no me quería ir. Me sentía tan bien allí, explorando, preguntando, haciéndome una idea de lo compleja y caprichosa que es la vida...Estaba en mi elemento. Pero me tenía que ir a redactar en los ordenadores todo lo que acababa de recopilar en un lenguaje técnico que no conozco bien, del que chapurreo unas pocas palabras, y muchas veces, mal dichas. Me tomé la libertad de darle un par de consejos, como que se cuidase las uñas de los pies, porque era diabética, y no quería que a la pobre mujer, además, le cortasen un pie. Y ella me preguntó una serie de dudas que tenía, y yo le contesté como buenamente pude. Le dije que eso era todo por mi parte, le agradecí su colaboración y le deseé una pronta recuperación.
 Ella, como último regalo, me dijo: Espero que hayas aprendido mucho conmigo. Algo bueno hay que sacar de todo esto que me ha pasado.

Después de redactar mi historia clínica en la aplicación del hospital, y de imprimirla, decidí salir a presentar mi historia en la reunión de la 13.00h, delante de todos mis compañeros, los adjuntos y del Jefe de Servicio de Interna y director médico del hospital, que es el que más caña nos mete en estas reuniones.
 Lo hice por diversas razones. Porque creí que había hecho una buena historia clínica, y resultó ser la mejor y concienzuda exploración física que he hecho hasta el momento. Porque era un caso interesante con un montón de patologías, y, principalmente,  porque se lo debía a ella. Así que salí, me enfrenté a los leones, me llovieron un montón de palos, me corrigieron un montón de cosas que estaban mal, defendí las cosas que había hecho bien, y aprendí de los errores. Que para eso estamos allí, ¿no? Para aprender. Porque uno no nace sabiendo como hacer una historia clínica  y una exploración física perfecta al segundo  día. 

Pero, si algo sé con certeza es que, ese martes, se  empezó a formar clínicamente la médico que seré el día de mañana. 

viernes, 30 de enero de 2015

Prácticas de 3º

Hola :)
Quería comentaros cómo van mis prácticas este año:

  • Hemos estado rotando por el hospital desde octubre hasta la semana pasada, todos los martes.
  • A mi me tocaron dos rotaciones por Medicina Interna, una por Urología y otra por Endocrinología.
  • Esta semana y la siguiente tenemos un curso de RCP a nivel básico, y después estamos en Atención Primaria durante 6 semanas.
  • Antes de que termine el curso volvemos al hospital, y, en mi caso, tengo otra rotación en Medicina Interna y, la última, en Cirugía General.
Interna me ha gustado mucho. He tenido mis nervios escénicos ante mis primeros pacientes, las primeras historias clínicas, las primeras exploraciones... Creo que las exprimí bastante bien y aprendí mucho. No se me olvidan sus caras, ni sus vidas, y espero seguir recordándolas muchos años :)

Sin embargo, Urología y Endocrinología no he podido sacarles mucho jugo. De Urología, al menos, me llevó una mejor imagen que la que tenía anteriormente. Abarca más de lo que pensaba, pero, sinceramente, no me veo. Y Endocrino, más de lo mismo. Mucha dieta, mucho suero, y poca limoná. Pero también creo que desempeña un papel fundamental y que se ocupa de algo que el resto de los médicos del hospital a veces olvidan. Bien es cierto que han sido rotaciones ínfimas. Está claro que no conoces cómo funciona una especialidad rotando sólo dos martes.

El curso de RCP me ha decepcionado un poco. Esperaba que nos diesen algo más avanzado, y ha sido a nivel muy básico, muy parecido a un curso muy chulo que nos impartieron los residentes de MFYC. Nos enseñaron el protocolo vigente, el masaje cardíaco, y la maniobra de Heimlich, tanto para adultos como para niños. Aquí os dejo un vídeo que nos pusieron, donde se resume en pocos minutos lo que os acabo de comentar:






El martes que viene nos enseñan a intubar. A ver qué tal la experiencia :)
Tengo muchas ganas de rotar por el centro de salud. Creo que vamos a aprovecharlo bastante, se ven más pacientes, y así vemos cómo funciona la primera línea de atención del sistema.
He de confesar que tanto Familia, como Interna son dos de las especialidades que más me llaman, y entré con esta idea en la cabeza. Ya veremos si se cumple o no.

Un besote.
PD: ÁNIMO PARA MAÑANA. Descansad y coged toda la fuerza que podáis ;)

jueves, 29 de enero de 2015

Hastío educacional

Hola:
Hoy vengo calentita. Llevo unos cuantos días, quizás semanas, o tal vez años, queriendo escribir una entrada como esta. A soltar todo lo malo que tengo dentro porque si no voy a estallar. Estos humores negros están mejor fuera. Vengo a quedarme a gusto, y he de decir que...

Estoy hasta las narices de malos profesores.

Sí, amigos, ese es el verdadero titular de la entrada de hoy, pero hastío educacional  quedaba más fino. 
Por desgracia, muchos sabrán de lo que estoy hablando. Muchos habréis estado en esta misma situación, y también os habréis puesto alguna vez tras las teclas a soltar grandes improperios dignos del rico y florido léxico español. Así que hoy os perdono si no queréis continuar leyendo esta entrada. Pero para aquellos que también estén cabreados, y tengan un poquito de resquemor y se quieran unir a este odio colectivo, estáis invitados ;)

Lo que más odio es la soberbia de algunos profesores. No quiero señalar a ninguna asignatura en concreto, pero seguro que os podéis hacer una idea. Odio con toda mi alma a aquellos que se hacen llamar profesores, catedráticos, que dicen que imparten clases magistrales. Y no puedo evitar reírme, romperme el tórax a carcajada limpia, de esas sonoras, potentes y con una generosa dosis de ironía. ¡Menos mal que  nos da su mejor versión! Porque si no llega a ser magistral...sería para tirarse por la ventana...Quizás por eso en mi universidad están cerradas las ventanas y sólo puede abrirlas el conserje, para evitar la tentación...
Además ese tipo de profesores, que vivieron sus años mozos en el Pleistoceno, suelen ser muy estrictos. Suelen no dejarte hablar en clase, para que no les contradigas sus Verdades  Universales. Suelen no pasarte material docente por el puro placer de complicarte la vida, y, cada año, autoeditan una especie de pin, que llevan fuertemente adherido y bien visible en la nívea bata, prenda indispensable para ejercer de profesor de Medicina en un aula sin pacientes enfermos, que reza algo parecido a esto: 80% de suspensos asegurados desde 1999.  Ese es el báculo sobre el que apoyan toda su fuerza, bueno, eso y la libertad de cátedra.
 No quiero ofender al gran conocimiento que deben tener estas personas sobre su materia, bueno, no en todas las ocasiones, pero la lógica me dice, y las matemáticas tan sencillas como la regla de tres que, teóricamente, un buen profesor es aquel que sabe transmitir sus conocimientos. Por lo que a mayor "calidad profesoril", mayor "aprobado estudiantil", ¿no?.
Ah, pues parece ser que no. Quizás no fui a clase el día que explicaron esa excepción...

Después, y esto es algo más reciente, están los que no saben explicar. Y algunos pensaréis, ¡qué exigente es esta tía!¿y tú que sabrás sobre explicar bien? Pues para aquellos escépticos, quiero aclarar que estoy en mi pleno derecho de exigir una buena clase, una buena explicación porque:

1. Estoy en la Universidad. Esa institución en la que se supone que la educación es de un nivel superior a los anteriores.
2. Porque llevo siendo estudiante 15 años, y creo que ya tengo cierto criterio para saber discernir entre un buen profesor y un mal profesor.
3. Yo he dado clase. He dado y doy clases particulares y estuve en un colegio impartiendo clases de refuerzo de Lengua y Literatura a chavales de instituto a los que les interesaba todo menos la Lengua y la Literatura. No soy una profesora excelsa, ni mucho menos, pero me he puesto del otro lado y he intentado cumplir con  el dicho de no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a tí.

Por todas estas razones, me llevo las manos a la cabeza y me meso mis estropeados cabellos al gritar a los cuatros vientos, y golpeando furiosamente las teclas, me pregunto:
¿Por qué dan clase aquellos a los que no les gusta dar clase?
¿Es alguna especie de condena, o pago por algo que han hecho mal?¿Es un castigo? Porque lo único  que hacen es quitar las ganas de todo. Un mal profesor te chupa toda la ilusión que puedes tener por tu asignatura favorita, como los dementores. ¿Y qué ejemplo es ese?¿Tendremos que hacer lo mismo cuando nos toque a nosotros? Pues muchos, muchos, seguirán esa senda. Porque es más fácil continuar un camino abierto, que adentrarse por uno desconocido. Y creo que es por eso por lo que no desaparecen, por lo que perpetúan su especie. Porque en lugar de transmitir conocimiento, te empapan de su amargura y hastío. Y creo que eso los carbapenemes, todavía, no pueden erradicarlo.

¿Es tan difícil?¿Tan asquerosa es la Medicina, o el ejercicio de cualquier otra profesión que lo único que te mantiene en ello es la firme determinación de joder a los que vienen detrás?
Sí es así, no quiero crecer. No quiero trabajar. No quiero ser médico.
 Llámame romántica, pero prefiero mil veces el ideal que tengo ahora. Ojalá la yo de dentro de unos años pueda leer esto y evite caer en este error. Ojalá no me convierta en el monstruo que ahora aborrezco y critico. 


domingo, 25 de enero de 2015

Para los luchadores del reino

Hola :)

Bueno, pensaba escribir esta entrada dentro de un par de días, pero supongo que estaréis tan agobiaos que no tendréis tiempo de mirarla.

Esta va para vosotros, para los luchadores del reino, para todos aquellos que el próximo fin de semana llegan a la batalla final para conseguir su plaza deseada. Esto no es solo para los MIR, si no para todos los EIR, FIR, PIR y BIR.

Esto va para la gente que lleva unos cuantos meses encerrados en sus casas, o en bibliotecas estudiando, aplanando glúteos y desgastando huesos pélvicos durante horas y horas todos los días, casi sin descanso alguno.

Esto va para la gente que, quizás, ahora, piense ¿Quién me mandaría a mí meterme en este berenjenal?¡Maldita la hora!¡Con lo feliz que hubiese sido yo siendo panader@, profesor@, jardiner@, o desarrollad@r de videojuegos! El objetivo de esta entrada es recordar, en estos momentos tan oscuros, por qué estáis aquí luchando. Porque hace unos años, en otra prueba, escogistéis este camino para cumplir un sueño. Para saciar a ese gusanito en vuestro interior que os pedía constantemente que cogiéseis  esta salida. No sé que os llevó a cada uno de vosotros a este estilo de vida, habrá tantos motivos como colores, pero ya casi lo podéis tocar con el dedo corazón, que es el más largo.

Quizás alguno piense que de qué voy. Alguno dirá para sus adentros: calla, niña, que no tienes ni idea. Deja de hablar de lo que no sabes. Pues es cierto, no tengo ni idea de lo que es estar tanto tiempo sacrificándose, de decir que no a un montón de planes chulos, de tener un título y no poder saborearlo porque todavía queda la oposición... Pero sé que dentro de cuatro años, o eso espero, estaré en vuestros lugar. Me asaltarán los mismos miedos, las dudas, las inseguridades y la mala leche. Es por eso por lo que os sigo, por lo que empatizo con vosotros, y quiero apoyaros porque me gustaría que dentro de cuatro años, tuviese el mayor número de personas, conocidas o no, apoyándome. Porque para mí, en estos momentos, sois un ejemplo a seguir. Sois el espejo en el que quiero mirarme. Sois los hermanos mayores a los que quiero imitar. 
Así que, aunque no tengo mucha idea, soy casi nueva en esto, y todavía me queda mucho por descubrir, os deseo lo mejor, y deseo que cumpláis vuestros sueños, porque también se cumplen una pizquita de los míos y veo que el esfuerzo y el trabajo duro al que tendré que enfrentarme dentro de unos años, merece la pena ;).

Os dejo unas canciones motivantes, o por lo menos lo son para mí. Espero que os gusten :)
Nos vemos al otro lado, en la era post-MIR.
ÁNIMO!







Y por si alguno echa en falta la mítica canción motivante....


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