miércoles, 1 de abril de 2015

Rotando por Atención Primaria

Hola :)

Ni ha sido tarde ni ha sido pronto, pero aquí estoy de nuevo con la prometida entrada sobre mi rotación por Atención Primaria.

Resultado de imagen de atencion primaria
He tardado más de la cuenta porque he escrito tres veces esta entrada. De tres maneras distintas. Y ninguna me convence del todo, porque creo que no soy capaz de hacer justicia a todo lo que vi durante los cinco días que duró mi rotación. Primero hice una especie de diario, en el que iba anotando todo lo que pasaba cada día. Pero si publicaba eso, nadie lo leería porque ocupaba un porrón de páginas. Después intenté sintetizarlo, pero me pasé de síntesis y dejé muchas cosas atrás, pequeños detalles que hacían de esta rotación la GRAN rotación de este año. Así que he hecho una cosa intermedia, y ya me diréis si os parece escueta o infumable xD.

MI ROTACIÓN


Llegué un martes al centro de salud que me había tocado, situado en un barrio obrero periférico de Madrid, donde el nivel económico no es muy elevado, pero la gente es sencilla, humilde y práctica.

Turno de tarde. Ese día llegamos a las 14.00h porque teníamos que asistir a la sesión clínica que había entre turno y turno. Y no salí de allí hasta unas cuantas horas después. Me había mentalizado de que iba a ser duro.
Me asignaron a un médico que parecía muy callado al principio, como si no supiese qué hacer conmigo, pero después pude comprobar que entre paciente y paciente siempre tenía una lección que enseñarme, resolvía todas mis dudas y me daba consejos para lo que me quedaba de carrera, para la residencia, o para la vida en general. Me pareció un médico muy resolutivo: las cosas sencillas, burocráticas, o a los cuentistas, los despachaba con rapidez, y estaba 15, 20, 30 minutos con quien de verdad lo necesitaba. Era distante pero correcto con los venían de malas maneras, y familiar y cercano con los demás. Con algunos parecía una charla entre viejos conocidos. ¿Qué tal los niños, doctor?¡Ya deben de estar enormes! o ¿Cómo le fue por Canarias, Paco?
¿Cómo está su marido, Paqui, que hace mucho que no lo veo?


El primer paciente de todos fue una mujer que venía por dolores articulares y musculares, malestar general, y debilidad. Parecía un cuadro gripal, pero resulta que tenía una patología de base que la hacía ser más propensa a este tipo de enfermedades... ¡LUPUS!

¡Madre mía, LUPUS!¡Pero si nunca es lupus!
Me reí mentalmente a carcajada limpia y con sorna de todos aquellos ilusos que decían que en Primaria sólo se veían catarros y se daban recetas de Paracetamol y mucho agua. 
Y sí, amigos, Dios, el destino, la Ley de Murphy o aquello en lo que creáis que hay por ahí con un poder divino que puede castigar a las estudiantes de medicina que se pasan de listas, descargó en mí todo su poder esa tarde y vinieron como 20 gargantas inflamadas. Una detrás de otra.
Auscultación pulmonar, inspección de garganta, inspección de oídos. ¿Tratamiento con antibióticos? Así veinte veces seguidas.
Esto me puso los pies en la tierra, porque venía del hospital, donde todo era enfermedades curiosas, agudas, un montón de tratamientos intravenosos, sueros... Incluso en las clases teóricas, nuestros temas son hemisección medular, Síndrome de Cushing, Síndrome de Sjögren y así hasta infinito. Pero no hay un tema de dolor de garganta y tratamiento. Todos critican esta especialidad porque total para sólo ver gargantas inflamadas.... Y yo me pregunto: ¿Quién coño sabe tratar gargantas inflamadas en 3º para creerse que eso es poca cosa para él? ¿A qué paciente le das amoxicilina, a quién amoxicilina-clavulánico, a quién azitromicina, a quién levofloxacino y a quién sólo las buenas tardes?

Después de ese castigo divino que sufrí el primer día, vinieron un montón de pacientes con patologías muy diversas. Miomas uterinos, un sinux, cuadros de ansiedad, depresión, esquizofrenia, vértigos, alcoholismo, un porrón de ciáticas, gastroenteritis, resolver mil y una dudas sobre los anticonceptivos orales, dar pautas de alimentación a un chico que quiere empezar a muscularse, test de embarazo, infecciones de orina, esguinces de tobillo, defectos congénitos en la válvula tricúspide y consulta con el cardiólogo, una perforación de tímpano, un herpes... Ajustes de medicación, interpretar un ECG, tomar la tensión, ver una cura por parte de enfermería de una mordedura de gato desde hace un año... y mentiras. Muchas mentiras. Gente que tose un poco o busca en google  ciática síntomas y pide la baja para tres días. Y aquí es donde se aprende a ser una persona crítica, y a no creerse todo lo que dicen los demás. Esta lección es tan válida para el ejercicio de la Medicina  como para la vida misma. Un chico de veintitantos que viene porque le duele la espalda y trabaja en un almacén y no puede cargar cosas, pero viene con un casco de moto colgando del brazo...Ya, lo que tú digas. Lecciones y más lecciones. La exploración física comienza desde que el paciente entra por la puerta. Y House tenía razón: todo el mundo miente. Pero tiene que haber de todo: gente que no quiere trabajar, que no se esfuerza y otros que se parten el lomo ¿Ejemplos? Una enfermera de Urgencias embarazada de 5 meses que viene a regañadientes acompañada de su marido para coger la baja porque ha empezado a tener contracciones... Una mujer que trabaja en un almacén con una rotura miofribrilar y viene cada semana a ver si ya por fin me da de alta, doctor.

El último día hice una breve incursión en la consulta de Pediatría. Me lo pase genial con los niños, porque me gustan, pero no porque quiera tratarles. Muchos virus, muchos padres preocupados, y el niño se queda medio olvidado jugando con el palito de madera. Exploré a unos cuantos de ellos yo sola (junto con otro compañero, pero sin el pediatra) mientras el médico rellenaba la historia clínica. Toqué la fontanela de un bebé de 15 días por primera vez en mi vida, sin que fuese algo prohibido (ya sabéis, cuando tenéis primos pequeños y les quieres coger y tocar la cabeza y tu tía te grita, poseída por ese visceral y primitivo instinto maternal  ¡¡¡¡NO LE TOQUES LA CABEZA!!!!). Hice el signo del pliegue en la tripita de un niña de año y medio con gastroenteritis y dijo mamá de una manera muy graciosa, insegura, con miedo pero sin gritar, como diciendo :Mamá, ¿qué está haciendo esta tía?¿Qué hago: grito o la pego?. Y no pude dejar de reírme el resto de la consulta.
Muy bonita pediatría, pero no creo que fuese capaz. Hablas más con los padres que con el niño y no veo que exista un vínculo médico-paciente tan fuerte como pasa con más frecuencia con los adultos.

¿Qué saco de todo esto? Experiencia.
He aprendido muchísimo, demasiado. Tanto que al salir de cada turno no podía hacer nada más, y me quedaba horas pensando e intentando recordar a todos los pacientes y sus historias, muchas de ellas parecidas, pero cada una con algo especial que las hacen diferentes, como las personas que las protagonizan. Sólo he estado cinco días, pero he aprendido más que en 5 meses de tediosas y aburridas clases teóricas en la facultad.

Medicina de Familia me parece una especialidad muy versátil, muy completa. Tienes que saber un poco de todo, indentificarlo, y resolverlo en el menor tiempo posible y con pocas, o por no decir ninguna, prueba diagnóstica a tu disposición en ese momento.
 Es un desafío.
Hay que esperar, hay que pensar y razonar qué es lo mejor para el paciente. Porque junto con él, decides tú.
He visto pocas derivaciones al hospital, a urgencias o a consultas específicas. Pero el gran grueso de la consulta se resuelve allí, entre esas cuatro paredes.
Y lo que más me gusta es esa cercanía, esa relación médico-paciente, el no tener que hacer una historia clínica completa (no porque las odie, que conste) porque le conoces, a él y a su familia, en qué trabaja y más o menos lo que le ha pasado en la vida. Comprenden, o por lo menos la mayoría, que tienes muchos pacientes que ver, y se conforman con los escasos 6 minutos que puedes dedicarles a cada uno, porque saben que vas a estar ahí siempre con otros 6 minutos más... Y los que hagan falta.
 Dicen de ti que eres su médico, y al despedirse siempre un gracias, doctor. Hasta la próxima.

sábado, 21 de marzo de 2015

Reflexiones de una que está de paso



Hola de nuevo!
Como bien dice el título sólo estoy de paso. Llevo semanas sin pasarme por aquí, descuidando mi blog y también los vuestros, así que os pido perdón por no haber estado más atenta. Y me siento como el título, que estoy de paso, que voy sin ir, ando sin llegar a ningún sitio. Simplemente avanzo porque no me queda otra, y, a veces, en los momentos más oscuros, olvido el destino, pierdo el mapa, o me dejo en el ayer el motivo por el que sigo caminando hoy. Y lo peor de todo es continuar sin una meta, sin saber a dónde voy, y cruzarte con mil y un obstáculos que te impiden ver la senda, y  a veces cuesta tanto saltarlos que se te olvida lo importante: disfrutar.














Como dice mi querido Rubén Darío en uno de mis poemas favoritos, Melancolía:

Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.

Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de ensueño y loco de armonía.

Ese es mi mal. Soñar. La poesía

es la camisa férrea de mil puntas crüentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;

a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía,

cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?

Creo que retrata a la perfección este sentimiento que, espero y deseo, todos hemos tenido alguna vez. Voy sin rumbo, soportando cosas peores que las doce pruebas de Hércules, la bajada a los infiernos de Dante y un Iron Man juntos. Y todos lo hacemos por esta locura, que no es transitoria, ni mucho menos, por la Medicina, nuestra carrera, nuestra futura profesión.  Y da la casualidad que lo que más deseamos, lo que ansiamos con todas nuestras fuerzas, es lo que más nos hace daño. Nos maltrata, nos abandona y a veces, no es lo que esperábamos. Y es por eso por lo que es tan jodido, porque te hace daño algo que quieres, que has elegido tú...
Estoy enfadada con la Medicina. Estoy enfadada con la Universidad, no con la mía, sino con la institución, con la Educación y con la Sociedad en general que permite toda esta mierda. Estoy enfadada conmigo misma. Y veo que la relación Marina-Medicina no es lo que era antes. Ya no nos ilusionamos tanto al vernos, ha habido algún desplante que otro por las dos partes, y sólo nos llenan las novedades, porque hemos caído en la rutina. Se está pasando ese cuelgue inicial, que ha durado casi tres años, y entramos en una nueva fase en la relación mucho más seria, que si no está construida sobre unos robustos y forzudos pilares se va a desmoronar en menos de lo que se dice quidditch. 
Sólo quiero terminar este curso, pasar el bache, y llegar a esa Tierra Prometida que se hace llamar Clínica. Espero que esa nueva "estabilidad" que otorga el hospital mejore poco a poco mi relación con la Medicina.
Estoy trabajando en el post que os prometí sobre mi rotación en Atención Primaria. Más pronto que tarde, lo publicaré.
No me esperéis levantados. Un beso.

jueves, 26 de febrero de 2015

Sin novedad en el frente

Hola...
Aquí estoy. El título lo dice todo.
No tengo grandes cosas que contar.
Después del examen de Micro me he quedado sin fuerzas. Debería estar estudiando. Debería ir a clase. Debería seguir con el curso, con la carrera, pero no puedo. Estoy en stand-by.
Es algo que me pasa todos los años, eso es cierto, pero esta vez me está costando mucho recuperarme. No sé si es una mini-depresión, apatía, o yo qué sé... Pero nada o casi nada, consigue llenarme. Me levanto tarde todos los días, aunque me pongo el despertador a las 7.30h cada mañana. Y aunque estoy en casa y pienso que lo voy a aprovechar, que voy a estudiar más horas que si voy a clase, hoy no he tocado un mísero libro. Quiero estar en casa, comer con mi familia, verlos un rato...Miro la tele sin verla, como porque tengo que llenar el depósito de combustible, y hago ejercicio porque si no me pongo todavía más gorda sin hacer nada en casa tumbada o sentada las 24 horas.
 Lo único que me salva son mis libros... pero los últimos que me he leído me han dejado todavía peor, por el drama que bañan sus páginas. Los que leáis con frecuencia ya sabéis esos días de luto que pasa cualquier lector que se precie cuando termina un buen libro...
Busco cosas interesantes para poner en el blog, pero no me entra en cosquilleo necesario para golpear las teclas y escribir una entrada decente... Estoy recopilando información sobre mi rotación en Atención Primaria. Cuando termine mi estancia allí, publicaré la entrada.

Así que nada... Aquí estoy. Deseando que termine el curso. Para mí tercero ya ha terminado. Soy un poco estúpida, la verdad, porque me quedan un porrón de exámenes... pero ya he tenido suficiente. Estoy descansando porque no puedo más. Y lo que me jode es que tampoco descansas del todo porque  hay una vocecita en mi cabeza que me dice: Deberías estar estudiando, pájara. Que AP lo llevas como el culo y al final vas a ir a junio. Como no te pongas con PG, vas a batir récord en junio de asignaturas a recuperar, y a lo mejor por libertina no pasas a cuarto. 

En fin, siento el tono de esta entrada, pero para eso está este blog. Para reflejar los buenos momentos y los malos. No puedo evitar pensar qué narices voy a hacer cuando no pueda descansar cuando yo quiera. Es decir, en el trabajo no te dejan faltar un día sí y otro también. Espero que esto cambie... o que yo cambie, más bien. 

Bueno... espero que la próxima entrada tenga algo más de chicha, y no sea tan melancólica como esta. 
Hasta la próxima.

domingo, 15 de febrero de 2015

Microbiología. ¿Piedra angular de la carrera?

Foto cogida de este blog sobre comunicación

Hola :)

Siento la ausencia, pero las bacterias me tenían secuestrada.
Hoy vengo a hablar de un sentimiento que me tiene trastornada desde hace varias semanas.
Quizás trastornada suena un poco fuerte. Puede que revuelta se acerque más. Sí, revuelta es la palabra. Tercero me está mareando un poco. Las asignaturas con las que tengo que lidiar este año parecen placas tectónicas bailando salsa bajo mis pies. Algunas cosas parecen encajar con lo aprendido en otros años, otras, sin embargo, hacen el puzzle más complicado e incomprensible.

  La semana pasada tuve el examen de Microbiología, concretamente sólo la parte de bacteriología. Y tengo la sensación, y algunos pueden que hayan experimentado lo mismo, de que hay un antes y un después en la carrera con respecto a este examen. Me parece una prueba de fuego, un rito de iniciación por el que todo aquel estudiante de medicina que se precie tiene que pasar.
Ya comenté en entrada anteriores que este curso me está pareciendo difícil, pero la verdad es que es el que más me está gustando. Lo que estamos dando me está gustando. La micro, la farma, la semiología... Es el principio de la clínica, y no puedo evitar emocionarme y sentir un vuelco en mi estómago ante la expectativa de algo grande, como cuando vas al cine y comienza a sonar la música, las luces se apagan y los murmullos mueren en silencio. Es es lo que significa para mí micro, y en definitiva tercero, e incluso un poco segundo. La antesala de algo grande. El tráiler de la medicina. En definitiva, una piedra angular, sobre la que voy construyendo poco a poco lo que seré algún día. Una pieza fundamental en la carrera, y que sin ella estoy perdida.

Así que me encuentro en un punto raro. Un punto en el que tengo cierta seguridad de lo que estoy haciendo,  sé hacia dónde voy, crees que lo que sabes lo dominas, pero en seguida viene alguien con más experiencia que tú y con dos palabras, o una simple mirada, te desestabiliza y te hace dudar de todo el camino andado y piensas que estás igual de perdida que al principio. Vuelves a  ese primer día, a ese primer curso en el que creías que en seguida ibas a aprender un montón de cosas útiles, que no olvidarías jamás y que, en realidad, es tan sólo el último copito de nieve de la puntita más finita del enorme iceberg de conocimiento de este campo del saber.
 Estos incontables días en la biblioteca en las que he pasado horas eternas entre bacterias, agares, hemocultivos y torundas, no he podido evitar, entre paseo y paseo al servicio, fijarme en los otros seres que allí habitaban.  Y me sorprendí al ver que no tenían un Murray entre sus manos. Algunos tenían un Prometheus, otros un Netter, y algunos valientes que se atrevían a estudiar directamente del Rouvière. o del Latarjet.  Pasaban y pasaban las hojas, llenas de dibujos con músculos rojo tomate, nervios amarillos como el sol, venas azules, arterias rojas y ganglios linfáticos verdes como el musgo.
Qué tiempos aquellos en los que pensaba que Medicina era origen, inserción, inervación y vascularización. Origen inserción, inervación y vascularización.

Ojalá que, en unos años, pueda contemplar esta entrada y al secarme las lágrimas de la risa y diga algo como Qué tiempos aquellos en los que pensaba que la Medicina era un conjunto de listas interminables de fármacos, bacterias, signos y síntomas sin relación alguna.



domingo, 1 de febrero de 2015

La importancia de la exploración física

Hola :)

Aquí estoy otra vez.
Esta vez os traigo un vídeo que, seguramente, muchos habréis visto.
Es una charla TED, de hace  unos cuantos años y que ya nos la han puesto en la universidad, en distintas asignaturas, como tres veces. Casi nos la sabemos de memoria.
Habla sobre la importancia de la exploración física, y del vínculo que se establece entre el médico y el paciente durante dicho acto.
 Viene un poco relacionado con lo que he intentado plasmar en la entrada anterior.
Lo siento, no he encontrado la versión subtitulada. Espero que llevéis bien el inglés ;)

Espero que os guste ;)

Mi primera historia clínica

Hola :)

Lo prometido, es deuda. Así que, a petición de Iratxe, voy a ampliar un poco lo que comenté en la entrada anterior relatando cómo fue mi primera historia clínica en solitario :)

Digo en solitario porque el primer día que rotamos por el hospital, y por Interna, lo hice con una compañera y amiga, e hicimos la historia conjuntamente. Así que escojo mi primera vez en solitario para intentar describir, lo mejor que pueda, esa sensación de vértigo que tenemos todos cuando entramos en la habitación de un paciente.

Todos los martes, como ya dije, vamos al hospital. De 8.00h-15.00h. Durante la primera hora, nos imparten un seminario, que bien puede ser médico (cómo explorar cierto aparato, cómo hacer una historia clínica...), o quirúrgico (principales complicaciones quirúrgicas, paciente politraumatizado, limpieza de heridas quirúrgicas...). A las 9.00h, cada mochuelo se va a su olivo, a cumplir con sus respectivas rotaciones. Luego nos encontraremos todos a las 13.00h en Interna para corregir historias clínicas.

Pues bien, todos aquellos que íbamos a Interna fuimos juntitos a buscar cada uno a su adjunto. Y, ¿qué creéis que fue lo que pasó? Pues que la mayoría no estaban. ¿Y dónde creéis que estaban? Pues muchos de ellos tomándose un café, claro. Totalmente normal y comprensible, pero si no vienen hasta las 9.30-10.00h, o están salientes de guardia, que lo avisen y así no nos ponemos histéricos perdidos preguntándonos dónde leches estará nuestro adjunto, ¿no?.

Después de encontrar a mi adjunto con su respectiva residente, estuvimos en el despacho poniéndonos al día sobre los diversos pacientes a ver en esa mañana. Una vez hecho esto, hicimos la ronda. A la hora de explorar/auscultar ya sabéis, primero adjunto, luego residente, luego posible alumno de 6º, luego alumno de 3º, aquí la moña. Es obvio que somos los pequeñines, y el último mono en el hospital. Después al salir de la habitación, viene la temida pregunta...Y bien, ¿Qué has escuchado en los pulmones? Y tú ¡oh Dios mío! ¡Y yo qué se que he escuchado! Venga, Marina, tienes que decir algo o se va a pensar que eres imbécil. Emmm, yo creo que eran pitos, ¿no? Y sueltas un término médico que no te han explicado, pero que,  inocente de ti, crees que así se denomina lo que has escuchado. Pues no. El adjunto te dice Umm, yo no estoy de acuerdo con lo que acabas de decir. Es más bien al contrario. Es un roncus.
 Y es entonces cuando te armas de valor, y, para que no te traten como otra estudiante de 3º insulsa de la que se tienen que ocupar esa mañana, sueltas: No me lo han explicado en clase. ¿Podrías explicarme la diferencia entre unos y otros? El adjunto accede, y te explica los principales ruidos patológicos que se pueden encontrar en la auscultación pulmonar. Y gracias a él, eso es algo que nunca  se me va a olvidar.

Eso es lo malo que yo le veo a estas prácticas. Porque te exigen tener idea de lo que haces, cuando se supone que vas allí a que te lo expliquen y te enseñen. Un poco ambiguo. Y ya sí que sí, vamos a por la historia clínica de ese día:

Hacia un historia clínica única

El adjunto, tras terminar la ronda, me preguntó: ¿A quién quieres hacerle la historia?
Y me dejó escoger a una señora de 75 años que estaba allí por una gastroenteritis aguda. Escogí a esa paciente porque estaba tranquila, no tenía mucho dolor, y podía respirar con normalidad y no le iba a molestar que le hiciese un montón de preguntas y una exploración física a fondo.

Nos exigen una historia clínica completa, por aparatos, tenga o no tenga que ver con la enfermedad actual, y una exploración física completa. Por lo que, si cumples más o menos con el cometido, estás una hora entera con el paciente tú solito. 

Obviamente, estás tú más nervioso que el propio paciente. Es algo que cuesta describir. Tú entras ahí, con tu bata, tu fonendo, tu libreta... y se supone que impones. Los pacientes te miran con respeto. Pero tú no te sientes como una persona así, imponente. Además, yo tengo una vocecilla muy dulce, que parezco una niña pequeña, y uno de mis grandes temores al empezar las prácticas es que no me tomasen en serio. Pues entras en la habitación y sueltas con esa vocecilla: Hola, soy la estudiante que ha estado antes aquí con el doctor X, venía a hacerle unas cuantas preguntas, si no le importa.

Y la mujer te sonríe tiernamente, y te deja pasar. Se salen sus acompañantes y empieza el espectáculo.
 Comienzas a preguntar por el motivo de ingreso, la medicación que toma, sus hábitos, sus antecedentes personales, cómo murieron sus padres, cuantos hijos tiene.... En resumidas cuentas, de todas esas cosas personales, íntimas, que algunas de ellas son defectos, enfermedades, problemas de salud de las que a uno no le apetece a hablar, o como norma general, no se las cuenta a la persona que tiene delante y que acaba de conocer. Pero esta señora lo hace. Y resulta que ha pasado por un montón de cánceres. Tiene una mastectomía en el pecho derecho, también una histerectomía... un melanoma... Y la mujer sigue ahí, sonriendo. A cada pregunta que haces te cuenta una desgracia más, y no puedes dejar de sorprenderte.
  Terminada la entrevista con preguntas tan personales como ¿Tiene algún problema para orinar?¿Con que frecuencia hace de vientre?, pasamos a la exploración física. Y lo que viene a continuación me sorprendió mucho, porque fue decir: Muy bien, señora. Ahora la voy a explorar.  Y la mujer, con su sonrisa eterna, se quitó el pijama y me dejó hacer. Yo no esperaba esa confianza, esa desnudez en cuerpo y alma que me mostró en apenas unos minutos. No podía creer cómo en tan poco tiempo me había ganado ese privilegio de poder explorarla sin ningún impedimento, sin tener que ir pidiendo que se fuese desvistiendo.
 Y claro, ahora  desde la lejanía, pienso que esa señora ha pasado por mucho. Por demasiadas exploraciones físicas, por demasiadas preguntas incómodas, por demasiados médicos que le han pedido que se desvistiera. Y supongo que ya lo tiene como un hábito, y antes de que se lo pidan, lo hace, para facilitar las cosas.
Voy poco a poco. Ausculto corazón, pulmones, y abdomen. Palpo la mama y soy consciente del mapa de cicatrices que bañan su cuerpo. Y ella sigue con su sonrisa, señalándome cada una de ellas, orgullosa de sus trofeos ganados en cada una de las múltiples batallas que ha librado contra la enfermedad. Le palpo el abdomen con cuidado, de de la zona menos dolorosa a la más dolorosa. Palpo los diversos pulsos  mientras charlamos sobre la vida, sobre la alegría que le da su nieta de 5 años. Hago una exploración neurológica sencilla, según me voy acordando de las cosas. La libreta, en la que pensaba ir apuntando todo, quedó apartada y en blanco, sin ninguna anotación más que los nombres de los muchos medicamentos que tomaba la que fue por una hora mi paciente.
  Creía que ya lo tenía todo. Se iba acercando el momento de despedirnos. Y yo no me quería ir. Me sentía tan bien allí, explorando, preguntando, haciéndome una idea de lo compleja y caprichosa que es la vida...Estaba en mi elemento. Pero me tenía que ir a redactar en los ordenadores todo lo que acababa de recopilar en un lenguaje técnico que no conozco bien, del que chapurreo unas pocas palabras, y muchas veces, mal dichas. Me tomé la libertad de darle un par de consejos, como que se cuidase las uñas de los pies, porque era diabética, y no quería que a la pobre mujer, además, le cortasen un pie. Y ella me preguntó una serie de dudas que tenía, y yo le contesté como buenamente pude. Le dije que eso era todo por mi parte, le agradecí su colaboración y le deseé una pronta recuperación.
 Ella, como último regalo, me dijo: Espero que hayas aprendido mucho conmigo. Algo bueno hay que sacar de todo esto que me ha pasado.

Después de redactar mi historia clínica en la aplicación del hospital, y de imprimirla, decidí salir a presentar mi historia en la reunión de la 13.00h, delante de todos mis compañeros, los adjuntos y del Jefe de Servicio de Interna y director médico del hospital, que es el que más caña nos mete en estas reuniones.
 Lo hice por diversas razones. Porque creí que había hecho una buena historia clínica, y resultó ser la mejor y concienzuda exploración física que he hecho hasta el momento. Porque era un caso interesante con un montón de patologías, y, principalmente,  porque se lo debía a ella. Así que salí, me enfrenté a los leones, me llovieron un montón de palos, me corrigieron un montón de cosas que estaban mal, defendí las cosas que había hecho bien, y aprendí de los errores. Que para eso estamos allí, ¿no? Para aprender. Porque uno no nace sabiendo como hacer una historia clínica  y una exploración física perfecta al segundo  día. 

Pero, si algo sé con certeza es que, ese martes, se  empezó a formar clínicamente la médico que seré el día de mañana. 

viernes, 30 de enero de 2015

Prácticas de 3º

Hola :)
Quería comentaros cómo van mis prácticas este año:

  • Hemos estado rotando por el hospital desde octubre hasta la semana pasada, todos los martes.
  • A mi me tocaron dos rotaciones por Medicina Interna, una por Urología y otra por Endocrinología.
  • Esta semana y la siguiente tenemos un curso de RCP a nivel básico, y después estamos en Atención Primaria durante 6 semanas.
  • Antes de que termine el curso volvemos al hospital, y, en mi caso, tengo otra rotación en Medicina Interna y, la última, en Cirugía General.
Interna me ha gustado mucho. He tenido mis nervios escénicos ante mis primeros pacientes, las primeras historias clínicas, las primeras exploraciones... Creo que las exprimí bastante bien y aprendí mucho. No se me olvidan sus caras, ni sus vidas, y espero seguir recordándolas muchos años :)

Sin embargo, Urología y Endocrinología no he podido sacarles mucho jugo. De Urología, al menos, me llevó una mejor imagen que la que tenía anteriormente. Abarca más de lo que pensaba, pero, sinceramente, no me veo. Y Endocrino, más de lo mismo. Mucha dieta, mucho suero, y poca limoná. Pero también creo que desempeña un papel fundamental y que se ocupa de algo que el resto de los médicos del hospital a veces olvidan. Bien es cierto que han sido rotaciones ínfimas. Está claro que no conoces cómo funciona una especialidad rotando sólo dos martes.

El curso de RCP me ha decepcionado un poco. Esperaba que nos diesen algo más avanzado, y ha sido a nivel muy básico, muy parecido a un curso muy chulo que nos impartieron los residentes de MFYC. Nos enseñaron el protocolo vigente, el masaje cardíaco, y la maniobra de Heimlich, tanto para adultos como para niños. Aquí os dejo un vídeo que nos pusieron, donde se resume en pocos minutos lo que os acabo de comentar:






El martes que viene nos enseñan a intubar. A ver qué tal la experiencia :)
Tengo muchas ganas de rotar por el centro de salud. Creo que vamos a aprovecharlo bastante, se ven más pacientes, y así vemos cómo funciona la primera línea de atención del sistema.
He de confesar que tanto Familia, como Interna son dos de las especialidades que más me llaman, y entré con esta idea en la cabeza. Ya veremos si se cumple o no.

Un besote.
PD: ÁNIMO PARA MAÑANA. Descansad y coged toda la fuerza que podáis ;)
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