miércoles, 6 de mayo de 2015

Rotando por Cirugía General



Hola :)

Bueno, pues aquí está la entrada sobre mi última rotación de tercero: Cirugía General.

Si os soy sincera, he de decir que me ha gustado mucho está rotación. Muy mucho. Demasiado para ser bueno. Nunca me había llamado seriamente la cirugía, la verdad. Quizás obstetricia por eso de ver nacer y traer niños al mundo, pero no cirugía general.

Sólo estuve tres días. Pero el primero de todos ellos tuve la enorme suerte de poder lavarme y grapar un ombligo tras la reparación de la hernia umbilical. Así que sí, hay una persona por ahí en el mundo que lleva un ombligo grapado por mí. Y no os podéis hacer una idea de lo feliz que me hizo. De como me alegró el día el hecho de aliviar, dentro de mis posibilidades como estudiante pardilla, a una persona. No pensé que algo así pudiese proporcionarme tanto. 

El resto de los días no tuve la oportunidad de volver a lavarme, pero un día vi un bypass gástrico y el otro una lobectomía hepática por un hepatocarcinoma.
He visto a una persona abierta en canal y no me he mareado. Me fascinó  lo bonito, brillante y vivo que es el cuerpo humano. Ni punto de comparación con los cadáveres secos como momias y el pestazo a formol que tiraba pa' atrás. Hasta la grasa era bonita en el cuerpo vivo. He visto un cuerpo sangrar en abundancia, y arte en cada técnica, en cada nudo.
He visto un cuerpo enfermo de cáncer. Un enemigo que se podía ver, tocar y extirpar. Algo real que no sólo aparece plasmado en tinta en los libros que he leído. No es lo mismo estudiarlo en la acogedora biblioteca, que tenerlo delante de tus narices. Que a cada segundo que pasa, hace daño a ese órgano, a esa persona.
Mis piernas han sufrido el peso de la gravedad durante horas, paralizadas, mientras lo ojos no dejaban de bailar, de escrutar, de analizar cada movimiento, cada instrumento, cada levantamiento de cejas de la enfermera instrumentalista, cada pitido de las mil y una maquinas que rodean la mesa de operaciones...
Toda la gente que trabaja allí me recibieron con los brazos abiertos, siempre y cuando saludases y te presentases correctamente. La educación es lo primero :)
 Y al cabo de los días, sus caras te dejan de parecer serias, y empiezas a apreciar el lenguaje corporal que reina en ese mundo, en esa burbuja estéril. Cómo se arruga la mascarilla por los laterales cuando te sonríen, cómo se retuercen cuando están incómodos, cómo se rascan la nariz con el hombro... y que la talla del guante, importa xD.

Todo esto está genial. Pero a mí me ha causado un caos existencial tremendo, en mitad de los exámenes, en mitad de un curso que es a la vez el mejor y el peor de todos por los que he pasado, en mitad de más suspensos que aprobados,  en mitad de la carrera de mis sueños que pensé que me llevaba hacia un sitio y resulta que ahora no sé dónde narices voy. Salí de la rotación de Atención Primaria con ideas muy claras, diciéndome a mí misma o mucho cambia la cosa, o es esto, Marina. Y llego un día a quirófano, 30 minutos, unos guantes, unas grapas y soy toda suya...
 Muchos me diréis que me queda un montón, que todavía tengo muchas cosas que ver y es la pura verdad. No he ni pasado el prólogo de mi práctica clínica y ya quiero leer el final, pero tengo miedo de que esto me pase con cualquier rotación. 
Yo pensaba que iba a ser más sencillo, me creí eso de que la especialidad escoge al médico, como hacen las varitas con los magos, y ahora... ya no sé qué creer...Supongo que con los cursos venideros me haré una idea más clara de qué es lo que me gusta, pero ahora mismo estoy muy descolocada... y no puedo recrearme en esta parada cardiovocacional porque tengo que estudiar para terminar este maldito curso...¬¬.

martes, 5 de mayo de 2015

¿Qué hay de nuevo, viejos?

Hola:
¿Qué tal?¿Cómo va eso?
Aquí estoy sorprendida por la multitud de visitas que tiene el blog, cuando llevo sin publicar semanas.
Da la casualidad de que en la sección de estadísticas aparece que las entradas más visitadas son aquellas que dan consejos para estudiar, para planificarse en bachillerato y la que habla sobre mi universidad: la URJC.  Esto se puede deber a dos circunstancias, según las estadísticas a:

1. Estudiantes de bachillerato que están interesados en hacer medicina en la URJC.
2, Gente que tiene curiosidad por cómo le ha ido a la primera promoción de medicina de la URJC en el MIR 2015. 

Pues bien, a los que visiten este blog y se encuentren en la primera situación, os invito a que comentéis, aunque sea de manera anónima, todas las dudas que tengáis sobre la facultad, la metodología, los profesores, los cadáveres, o lo que se os pase por la cabeza, y os las resolveré en la medida de lo posible y escribiré una segunda entrada sobre la URJC, detallando los aspectos que más os interese saber. El blog está para eso ;)

Me llena de orgullo y...alegría poder decir que a la primera promoción le ha ido estupendamente bien. No sé con exactitud los puestos de todos, pero sí que la mayoría quedaron por encima del 1600, incluso uno estaba entre los 100 primeros. Pero lo más importante de todo es que todos pudieron escoger la plaza que querían.  
Lo que me cabrea es que esto no se ha visto plasmado en ningún medio. La primera vez que se presenta esta universidad y no sale nada. Ha sido tan escandaloso el silencio mediático y el vacío que quieren hacernos el resto de las universidades públicas de Madrid, que me hierve la sangre. 
Espero que poco a poco se reconozca el esfuerzo, que, a fin de cuentas, depende en gran medida de cada uno y no de la universidad que te ha formado.

miércoles, 1 de abril de 2015

Rotando por Atención Primaria

Hola :)

Ni ha sido tarde ni ha sido pronto, pero aquí estoy de nuevo con la prometida entrada sobre mi rotación por Atención Primaria.

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He tardado más de la cuenta porque he escrito tres veces esta entrada. De tres maneras distintas. Y ninguna me convence del todo, porque creo que no soy capaz de hacer justicia a todo lo que vi durante los cinco días que duró mi rotación. Primero hice una especie de diario, en el que iba anotando todo lo que pasaba cada día. Pero si publicaba eso, nadie lo leería porque ocupaba un porrón de páginas. Después intenté sintetizarlo, pero me pasé de síntesis y dejé muchas cosas atrás, pequeños detalles que hacían de esta rotación la GRAN rotación de este año. Así que he hecho una cosa intermedia, y ya me diréis si os parece escueta o infumable xD.

MI ROTACIÓN


Llegué un martes al centro de salud que me había tocado, situado en un barrio obrero periférico de Madrid, donde el nivel económico no es muy elevado, pero la gente es sencilla, humilde y práctica.

Turno de tarde. Ese día llegamos a las 14.00h porque teníamos que asistir a la sesión clínica que había entre turno y turno. Y no salí de allí hasta unas cuantas horas después. Me había mentalizado de que iba a ser duro.
Me asignaron a un médico que parecía muy callado al principio, como si no supiese qué hacer conmigo, pero después pude comprobar que entre paciente y paciente siempre tenía una lección que enseñarme, resolvía todas mis dudas y me daba consejos para lo que me quedaba de carrera, para la residencia, o para la vida en general. Me pareció un médico muy resolutivo: las cosas sencillas, burocráticas, o a los cuentistas, los despachaba con rapidez, y estaba 15, 20, 30 minutos con quien de verdad lo necesitaba. Era distante pero correcto con los venían de malas maneras, y familiar y cercano con los demás. Con algunos parecía una charla entre viejos conocidos. ¿Qué tal los niños, doctor?¡Ya deben de estar enormes! o ¿Cómo le fue por Canarias, Paco?
¿Cómo está su marido, Paqui, que hace mucho que no lo veo?


El primer paciente de todos fue una mujer que venía por dolores articulares y musculares, malestar general, y debilidad. Parecía un cuadro gripal, pero resulta que tenía una patología de base que la hacía ser más propensa a este tipo de enfermedades... ¡LUPUS!

¡Madre mía, LUPUS!¡Pero si nunca es lupus!
Me reí mentalmente a carcajada limpia y con sorna de todos aquellos ilusos que decían que en Primaria sólo se veían catarros y se daban recetas de Paracetamol y mucho agua. 
Y sí, amigos, Dios, el destino, la Ley de Murphy o aquello en lo que creáis que hay por ahí con un poder divino que puede castigar a las estudiantes de medicina que se pasan de listas, descargó en mí todo su poder esa tarde y vinieron como 20 gargantas inflamadas. Una detrás de otra.
Auscultación pulmonar, inspección de garganta, inspección de oídos. ¿Tratamiento con antibióticos? Así veinte veces seguidas.
Esto me puso los pies en la tierra, porque venía del hospital, donde todo era enfermedades curiosas, agudas, un montón de tratamientos intravenosos, sueros... Incluso en las clases teóricas, nuestros temas son hemisección medular, Síndrome de Cushing, Síndrome de Sjögren y así hasta infinito. Pero no hay un tema de dolor de garganta y tratamiento. Todos critican esta especialidad porque total para sólo ver gargantas inflamadas.... Y yo me pregunto: ¿Quién coño sabe tratar gargantas inflamadas en 3º para creerse que eso es poca cosa para él? ¿A qué paciente le das amoxicilina, a quién amoxicilina-clavulánico, a quién azitromicina, a quién levofloxacino y a quién sólo las buenas tardes?

Después de ese castigo divino que sufrí el primer día, vinieron un montón de pacientes con patologías muy diversas. Miomas uterinos, un sinux, cuadros de ansiedad, depresión, esquizofrenia, vértigos, alcoholismo, un porrón de ciáticas, gastroenteritis, resolver mil y una dudas sobre los anticonceptivos orales, dar pautas de alimentación a un chico que quiere empezar a muscularse, test de embarazo, infecciones de orina, esguinces de tobillo, defectos congénitos en la válvula tricúspide y consulta con el cardiólogo, una perforación de tímpano, un herpes... Ajustes de medicación, interpretar un ECG, tomar la tensión, ver una cura por parte de enfermería de una mordedura de gato desde hace un año... y mentiras. Muchas mentiras. Gente que tose un poco o busca en google  ciática síntomas y pide la baja para tres días. Y aquí es donde se aprende a ser una persona crítica, y a no creerse todo lo que dicen los demás. Esta lección es tan válida para el ejercicio de la Medicina  como para la vida misma. Un chico de veintitantos que viene porque le duele la espalda y trabaja en un almacén y no puede cargar cosas, pero viene con un casco de moto colgando del brazo...Ya, lo que tú digas. Lecciones y más lecciones. La exploración física comienza desde que el paciente entra por la puerta. Y House tenía razón: todo el mundo miente. Pero tiene que haber de todo: gente que no quiere trabajar, que no se esfuerza y otros que se parten el lomo ¿Ejemplos? Una enfermera de Urgencias embarazada de 5 meses que viene a regañadientes acompañada de su marido para coger la baja porque ha empezado a tener contracciones... Una mujer que trabaja en un almacén con una rotura miofribrilar y viene cada semana a ver si ya por fin me da de alta, doctor.

El último día hice una breve incursión en la consulta de Pediatría. Me lo pase genial con los niños, porque me gustan, pero no porque quiera tratarles. Muchos virus, muchos padres preocupados, y el niño se queda medio olvidado jugando con el palito de madera. Exploré a unos cuantos de ellos yo sola (junto con otro compañero, pero sin el pediatra) mientras el médico rellenaba la historia clínica. Toqué la fontanela de un bebé de 15 días por primera vez en mi vida, sin que fuese algo prohibido (ya sabéis, cuando tenéis primos pequeños y les quieres coger y tocar la cabeza y tu tía te grita, poseída por ese visceral y primitivo instinto maternal  ¡¡¡¡NO LE TOQUES LA CABEZA!!!!). Hice el signo del pliegue en la tripita de un niña de año y medio con gastroenteritis y dijo mamá de una manera muy graciosa, insegura, con miedo pero sin gritar, como diciendo :Mamá, ¿qué está haciendo esta tía?¿Qué hago: grito o la pego?. Y no pude dejar de reírme el resto de la consulta.
Muy bonita pediatría, pero no creo que fuese capaz. Hablas más con los padres que con el niño y no veo que exista un vínculo médico-paciente tan fuerte como pasa con más frecuencia con los adultos.

¿Qué saco de todo esto? Experiencia.
He aprendido muchísimo, demasiado. Tanto que al salir de cada turno no podía hacer nada más, y me quedaba horas pensando e intentando recordar a todos los pacientes y sus historias, muchas de ellas parecidas, pero cada una con algo especial que las hacen diferentes, como las personas que las protagonizan. Sólo he estado cinco días, pero he aprendido más que en 5 meses de tediosas y aburridas clases teóricas en la facultad.

Medicina de Familia me parece una especialidad muy versátil, muy completa. Tienes que saber un poco de todo, indentificarlo, y resolverlo en el menor tiempo posible y con pocas, o por no decir ninguna, prueba diagnóstica a tu disposición en ese momento.
 Es un desafío.
Hay que esperar, hay que pensar y razonar qué es lo mejor para el paciente. Porque junto con él, decides tú.
He visto pocas derivaciones al hospital, a urgencias o a consultas específicas. Pero el gran grueso de la consulta se resuelve allí, entre esas cuatro paredes.
Y lo que más me gusta es esa cercanía, esa relación médico-paciente, el no tener que hacer una historia clínica completa (no porque las odie, que conste) porque le conoces, a él y a su familia, en qué trabaja y más o menos lo que le ha pasado en la vida. Comprenden, o por lo menos la mayoría, que tienes muchos pacientes que ver, y se conforman con los escasos 6 minutos que puedes dedicarles a cada uno, porque saben que vas a estar ahí siempre con otros 6 minutos más... Y los que hagan falta.
 Dicen de ti que eres su médico, y al despedirse siempre un gracias, doctor. Hasta la próxima.

sábado, 21 de marzo de 2015

Reflexiones de una que está de paso



Hola de nuevo!
Como bien dice el título sólo estoy de paso. Llevo semanas sin pasarme por aquí, descuidando mi blog y también los vuestros, así que os pido perdón por no haber estado más atenta. Y me siento como el título, que estoy de paso, que voy sin ir, ando sin llegar a ningún sitio. Simplemente avanzo porque no me queda otra, y, a veces, en los momentos más oscuros, olvido el destino, pierdo el mapa, o me dejo en el ayer el motivo por el que sigo caminando hoy. Y lo peor de todo es continuar sin una meta, sin saber a dónde voy, y cruzarte con mil y un obstáculos que te impiden ver la senda, y  a veces cuesta tanto saltarlos que se te olvida lo importante: disfrutar.














Como dice mi querido Rubén Darío en uno de mis poemas favoritos, Melancolía:

Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.

Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.
Voy bajo tempestades y tormentas
ciego de ensueño y loco de armonía.

Ese es mi mal. Soñar. La poesía

es la camisa férrea de mil puntas crüentas
que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas
dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;

a veces me parece que el camino es muy largo,
y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía,

cargo lleno de penas lo que apenas soporto.
¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?

Creo que retrata a la perfección este sentimiento que, espero y deseo, todos hemos tenido alguna vez. Voy sin rumbo, soportando cosas peores que las doce pruebas de Hércules, la bajada a los infiernos de Dante y un Iron Man juntos. Y todos lo hacemos por esta locura, que no es transitoria, ni mucho menos, por la Medicina, nuestra carrera, nuestra futura profesión.  Y da la casualidad que lo que más deseamos, lo que ansiamos con todas nuestras fuerzas, es lo que más nos hace daño. Nos maltrata, nos abandona y a veces, no es lo que esperábamos. Y es por eso por lo que es tan jodido, porque te hace daño algo que quieres, que has elegido tú...
Estoy enfadada con la Medicina. Estoy enfadada con la Universidad, no con la mía, sino con la institución, con la Educación y con la Sociedad en general que permite toda esta mierda. Estoy enfadada conmigo misma. Y veo que la relación Marina-Medicina no es lo que era antes. Ya no nos ilusionamos tanto al vernos, ha habido algún desplante que otro por las dos partes, y sólo nos llenan las novedades, porque hemos caído en la rutina. Se está pasando ese cuelgue inicial, que ha durado casi tres años, y entramos en una nueva fase en la relación mucho más seria, que si no está construida sobre unos robustos y forzudos pilares se va a desmoronar en menos de lo que se dice quidditch. 
Sólo quiero terminar este curso, pasar el bache, y llegar a esa Tierra Prometida que se hace llamar Clínica. Espero que esa nueva "estabilidad" que otorga el hospital mejore poco a poco mi relación con la Medicina.
Estoy trabajando en el post que os prometí sobre mi rotación en Atención Primaria. Más pronto que tarde, lo publicaré.
No me esperéis levantados. Un beso.

jueves, 26 de febrero de 2015

Sin novedad en el frente

Hola...
Aquí estoy. El título lo dice todo.
No tengo grandes cosas que contar.
Después del examen de Micro me he quedado sin fuerzas. Debería estar estudiando. Debería ir a clase. Debería seguir con el curso, con la carrera, pero no puedo. Estoy en stand-by.
Es algo que me pasa todos los años, eso es cierto, pero esta vez me está costando mucho recuperarme. No sé si es una mini-depresión, apatía, o yo qué sé... Pero nada o casi nada, consigue llenarme. Me levanto tarde todos los días, aunque me pongo el despertador a las 7.30h cada mañana. Y aunque estoy en casa y pienso que lo voy a aprovechar, que voy a estudiar más horas que si voy a clase, hoy no he tocado un mísero libro. Quiero estar en casa, comer con mi familia, verlos un rato...Miro la tele sin verla, como porque tengo que llenar el depósito de combustible, y hago ejercicio porque si no me pongo todavía más gorda sin hacer nada en casa tumbada o sentada las 24 horas.
 Lo único que me salva son mis libros... pero los últimos que me he leído me han dejado todavía peor, por el drama que bañan sus páginas. Los que leáis con frecuencia ya sabéis esos días de luto que pasa cualquier lector que se precie cuando termina un buen libro...
Busco cosas interesantes para poner en el blog, pero no me entra en cosquilleo necesario para golpear las teclas y escribir una entrada decente... Estoy recopilando información sobre mi rotación en Atención Primaria. Cuando termine mi estancia allí, publicaré la entrada.

Así que nada... Aquí estoy. Deseando que termine el curso. Para mí tercero ya ha terminado. Soy un poco estúpida, la verdad, porque me quedan un porrón de exámenes... pero ya he tenido suficiente. Estoy descansando porque no puedo más. Y lo que me jode es que tampoco descansas del todo porque  hay una vocecita en mi cabeza que me dice: Deberías estar estudiando, pájara. Que AP lo llevas como el culo y al final vas a ir a junio. Como no te pongas con PG, vas a batir récord en junio de asignaturas a recuperar, y a lo mejor por libertina no pasas a cuarto. 

En fin, siento el tono de esta entrada, pero para eso está este blog. Para reflejar los buenos momentos y los malos. No puedo evitar pensar qué narices voy a hacer cuando no pueda descansar cuando yo quiera. Es decir, en el trabajo no te dejan faltar un día sí y otro también. Espero que esto cambie... o que yo cambie, más bien. 

Bueno... espero que la próxima entrada tenga algo más de chicha, y no sea tan melancólica como esta. 
Hasta la próxima.

domingo, 15 de febrero de 2015

Microbiología. ¿Piedra angular de la carrera?

Foto cogida de este blog sobre comunicación

Hola :)

Siento la ausencia, pero las bacterias me tenían secuestrada.
Hoy vengo a hablar de un sentimiento que me tiene trastornada desde hace varias semanas.
Quizás trastornada suena un poco fuerte. Puede que revuelta se acerque más. Sí, revuelta es la palabra. Tercero me está mareando un poco. Las asignaturas con las que tengo que lidiar este año parecen placas tectónicas bailando salsa bajo mis pies. Algunas cosas parecen encajar con lo aprendido en otros años, otras, sin embargo, hacen el puzzle más complicado e incomprensible.

  La semana pasada tuve el examen de Microbiología, concretamente sólo la parte de bacteriología. Y tengo la sensación, y algunos pueden que hayan experimentado lo mismo, de que hay un antes y un después en la carrera con respecto a este examen. Me parece una prueba de fuego, un rito de iniciación por el que todo aquel estudiante de medicina que se precie tiene que pasar.
Ya comenté en entrada anteriores que este curso me está pareciendo difícil, pero la verdad es que es el que más me está gustando. Lo que estamos dando me está gustando. La micro, la farma, la semiología... Es el principio de la clínica, y no puedo evitar emocionarme y sentir un vuelco en mi estómago ante la expectativa de algo grande, como cuando vas al cine y comienza a sonar la música, las luces se apagan y los murmullos mueren en silencio. Es es lo que significa para mí micro, y en definitiva tercero, e incluso un poco segundo. La antesala de algo grande. El tráiler de la medicina. En definitiva, una piedra angular, sobre la que voy construyendo poco a poco lo que seré algún día. Una pieza fundamental en la carrera, y que sin ella estoy perdida.

Así que me encuentro en un punto raro. Un punto en el que tengo cierta seguridad de lo que estoy haciendo,  sé hacia dónde voy, crees que lo que sabes lo dominas, pero en seguida viene alguien con más experiencia que tú y con dos palabras, o una simple mirada, te desestabiliza y te hace dudar de todo el camino andado y piensas que estás igual de perdida que al principio. Vuelves a  ese primer día, a ese primer curso en el que creías que en seguida ibas a aprender un montón de cosas útiles, que no olvidarías jamás y que, en realidad, es tan sólo el último copito de nieve de la puntita más finita del enorme iceberg de conocimiento de este campo del saber.
 Estos incontables días en la biblioteca en las que he pasado horas eternas entre bacterias, agares, hemocultivos y torundas, no he podido evitar, entre paseo y paseo al servicio, fijarme en los otros seres que allí habitaban.  Y me sorprendí al ver que no tenían un Murray entre sus manos. Algunos tenían un Prometheus, otros un Netter, y algunos valientes que se atrevían a estudiar directamente del Rouvière. o del Latarjet.  Pasaban y pasaban las hojas, llenas de dibujos con músculos rojo tomate, nervios amarillos como el sol, venas azules, arterias rojas y ganglios linfáticos verdes como el musgo.
Qué tiempos aquellos en los que pensaba que Medicina era origen, inserción, inervación y vascularización. Origen inserción, inervación y vascularización.

Ojalá que, en unos años, pueda contemplar esta entrada y al secarme las lágrimas de la risa y diga algo como Qué tiempos aquellos en los que pensaba que la Medicina era un conjunto de listas interminables de fármacos, bacterias, signos y síntomas sin relación alguna.



domingo, 1 de febrero de 2015

La importancia de la exploración física

Hola :)

Aquí estoy otra vez.
Esta vez os traigo un vídeo que, seguramente, muchos habréis visto.
Es una charla TED, de hace  unos cuantos años y que ya nos la han puesto en la universidad, en distintas asignaturas, como tres veces. Casi nos la sabemos de memoria.
Habla sobre la importancia de la exploración física, y del vínculo que se establece entre el médico y el paciente durante dicho acto.
 Viene un poco relacionado con lo que he intentado plasmar en la entrada anterior.
Lo siento, no he encontrado la versión subtitulada. Espero que llevéis bien el inglés ;)

Espero que os guste ;)

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